casos y rostros
Adiós al hombre, adiós al payaso “Para mí, Popy siempre fue el Sr. Diony...
un hombre trabajador, humilde y digno de admiración. Un hombre que madrugaba para trabajar y sacar sus producciones de la manera más impecable posible. Desde niña estuve ligada a los medios, así que nos tocó compartir en el trabajo. Yo era muy traviesa y una vez me llamó la aten- ción porque estaba corriendo por los pasi- llos del poliedro, pero hasta eso lo recuer- do con cariño. Gracias Diony por tus enseñanzas y tus
canciones. Dios, tu amigo Dios, te está reci- biendo con los brazos abiertos”. Merci Mayorca
“Hablar de Diony, el hombre que esta-
-¿Cuál cree que fue el “secreto” del éxito de Popy con los pequeños? -DL: Sólo Dios y los niños de entonces
pudieron saberlo, aunque su inquietante estilo, sus pegajosas y educativas cancio- nes y su constante alegría en las cámaras contribuyeron mucho a ese éxito. Fueron 17 LP con arreglo y dirección del maestro Isaías Urbina.
-¿Qué conserva Diony López de Popy? -DL: Los programas, las buenas y las
fuertes criticas… sus viajes, sus cancio- nes, las visitas a los niños enfermos en los hospitales, sentir sus tristezas y ale- grías. Recuerdo, en especial, la visita a nueve niños que pidieron ver a Popy antes de partir. Son muchos recuerdos que, en algunos momentos, me hacen volver a vivirlos.
-¿Cómo fue recibido su personaje
en El regreso de Popy? -DL: Yo diría que de manera fabulosa
y hermosísima. Los papás –que eran los niños de entonces- cantaban y repetían las canciones con risas y lágrimas en los ojos. Fue algo sencillamente extraor- dinario y, aunque lamentablemente en el segundo y el tercer fin de semana
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hubo marchas, estaban casi tres cuar- tos de público en la sala. La primera función se llenó y hubo detalles mara- villosos, porque vino gente del interior de la república y un caso increíblemen- te bello: la madre de un joven actor del cual, lamentablemente, no recuerdo su nombre. Ella movió a sus hijos y, estan- do enferma, se paró de su cama para ir a verme. No podía subir al camerino por su estado y yo bajé al lobby. Allí, entre lágrimas y recuerdos, nos dimos un gran abrazo. Para mí, fue un maravilloso rega- lo de Dios.
-¿Queda espacio para los payasos
en el corazón de los niños? -DL: El corazón de un niño es un uni-
verso interminable y todavía queda mucho espacio en él para los paya- sos. Por ejemplo, fíjese usted en el Cirque Du Soleil. Muchos, muchísimos niños ríen y disfrutan con el espectáculo, pero cuando aparecen los payasos sus caritas tienen algo maravilloso. Y es que, preci- samente, es el niño dando rienda suelta a sus fantasías. Aunque estamos en la época actual, un niño siempre es un niño y sus primeras palabras seguirán siendo, eternamente, mamá y papá.
ba detrás de Popy, y que ya no esté físi- camente, es muy extraño. Es inesperado. Popy formó parte del corazón de muchos niños por décadas. El payasito de sombrero, nariz y cachetes rojos se encargó de divertir, cantar y bailar para los más pequeños con el entusiasmo y la alegría que le permitía su creatividad. Todos sabemos quién fue y podemos corear con facilidad muchos de los temas que nos interpretó. Formó parte de la historia de un país lleno de sobresal- tos, cambios, fortunas y desaciertos, pero estuvo siempre dispuesto. Pude conversar con él en meses pasados y sentí su entu- siasmo mientras me hablaba de la posibi- lidad de estar nuevamente en el escenario, y lo hizo. Me estimuló siempre que pudo a que siguiera con mi personaje, que no lo dejara escapar, creyó en mí... eso siempre se lo agradecí. Diony,
hombre polémico, productor
inteligente, directo pero implacable. No daba cabida a las medias tintas, lo que generó la molestia de miles y los aplausos de tantos otros... Hoy ya no está, y, como diría una buena amiga: ‘Yo prefiero quedar- me con lo mejor’. ¿Y qué puede ser mejor que las sonrisas que dibujó en los rostros de los más pequeños, de los más inocentes, de aquellos que sintieron que él los llevó de la mano al maravilloso mundo de la fantasía? Mis aplausos y respetos”.
Rafael Monsalve
Agradecimientos A Mercedes Mayorca por su valiosa colaboración. A Rafael Monsalve por sus palabras y maravillosa disposición.
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