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pelota en juego


El fútbol se lanza a la conquista de Caracas


tidad inusual -e insólita- para un día de apertura del fútbol venezolano en Caracas. Y no sólo para una inauguración,


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sino para una jornada cualquiera. Y es que, hasta hace algunos años, sólo unos pocos cientos de almas se lanzaban a la aventura de pisar el cemento del estadio capitalino. Pero la metrópoli, la mujer inconquista- ble del fútbol venezolano, ha comen- zado a responder, a entregarse a la seducción futbolística, y desde hace dos temporadas asiste en número creciente al estadio en respaldo del Caracas FC. Desde siempre, San Cristóbal se


ha ufanado de ser la ciudad vanguar- dista en los asuntos de adhesión al Táchira aurinegro. De vez en cuando Mérida, Puerto Ordaz, Valera y Puer- to La Cruz también hablan alto en el tema de las asistencias a los esta- dios; pero no así Caracas, rebelde, arisca, “dura de matar” en términos de respaldo a sus equipos de fútbol. Sólo en algún partido o serie interna- cional, un juego de la selección vino- tinto o choques internacionales de la Copa Libertadores podían conseguir que la gente acudiera al llamado. Ahora, la capital del país no se queda callada. Asida al exi-


tismo que representa el equipo caraqueño, entusiasmada por la posibilidad de que “Los Rojos del Ávila” entren en la aristocra- cia del fútbol suramericano, Caracas desarrolla un sentido de pertenencia que buena falta le hacía. Lejos de la clandestinidad de otros tiempos, sus jugadores, José Manuel Rey, Luis “Pájaro” Vera, Renny Vega y Edgar Jiménez caminan por las calles de la ciudad y son reconocidos y admirados, pues el efecto mediático se siente en ellos: no hubo periódico que no desplegara páginas


| Septiembre 2010


l día de la inauguración del campeonato, a comien- zos del mes pasado, unos cuantos quedaron con la boca abierta: 12.000 aficionados poblaron más de la mitad del Estadio Olímpico caraqueño, una can-


Cristóbal Guerra crisluisguerra@yahoo.com


enteras y ediciones especiales para presentar el torneo 2010- 2011. Y para que el panorama del renacido fútbol esté completo, varios canales de televisión, abierta y de cable, transmiten los partidos y le dan vida a los domingos por la tarde. Hace falta, además, que equipos


como el recién estrenado Deporti- vo Petare lleguen al corazón de ese mundo particular que es la zona de Caracas que representa, con una población que, según se dice, llega al millón de habitantes. Aparecen tam- bién el Real Esppor y el Atlético Vene- zuela, equipos de nuevo cuño que tra- tarán de abrirse paso y de conseguir, en la gran ciudad, el tesoro escondido del arraigo popular. Es un nuevo comienzo, pero


comienzo de todas maneras. Y, como todo lo que se inicia, trae atada la gran ilusión. La gente del país anhe- la que los campeonatos nacionales, más que convertirse en este carna- val de 18 equipos y poco espectácu- lo, sean cerrados torneos en los que la calidad de sus jugadores se con- centre en sólo 10 ó 12 clubes. Que los futbolistas se conviertan en verdade- ros ídolos populares, que los partidos sean shows televisivos y que un nuevo orden desemboque en la llegada de la vinotinto al anhelado puerto del Mundial Brasil 2014. Ya es hora, por- que Venezuela, especialista en “llegar


tarde donde nunca pasa nada”, como cantara una vez cierto poeta catalán, por décadas ha mirado desde los distantes bal- cones de la esperanza cómo han sido otros los que se encara- man, dan vueltas, ríen y lloran en el metafórico carrusel del fút- bol universal. Países pequeños; pequeños en tamaño, población y recursos económicos, se suben al tío vivo de esa particular universalidad, mientras que desde aquí sólo se alcanza a soñar con poder hacerlo alguna vez. El campeonato en desarrollo es un nuevo comienzo, insisti-


mos. El tiempo del despegue definitivo, y la hora en que Caracas le dé el sí definitivo al fútbol nacional.


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