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ARTÍCULO


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¿NOS DARÁ LA DERECHA LA PRIMERA PRESIDENTA DEL


GOBIERNO ESPAÑOL? La definición de feminista con la que el vulgo pretende malévolamente indicar algo extrava- gante, asexuado y grotesco no indica sino lo partidario de la realización plena de la mujer en todas sus posibilidades por lo que debiera llamarse humanismo. Nadie llama hominismo al derecho del hombre a su completa realización. Clara Campoamor


POR: SANDRA BRAVO La 34


izquierda se encuen- tra en un estado de letargo e indefi- nición en el que la derecha podría arre-


batarle el protagonismo en su defensa histórica de los derechos de la mujer. Es a es la verdad… Mucho se ha escrito, dicho y hecho en


nombre del feminismo, un término con- fuso a veces por la diversidad de acciones que se defienden en su nombre. De he- cho, existe incluso la creencia entre algu- nas mujeres de que el feminismo -o una interpretación concreta del mismo- es una forma de neo-machismo, al conside- rar que facilitarle las cosas a la mujer -ya sea a través de cuotas, medidas legales u otros incentivos- es restarle mérito a su capacidad de llegar a lo más alto por sus propios medios. Personalmente, creo que la mujer ha


sufrido y sufre aún una clara discrimina- ción, que se ve reflejada en su escaso pro- tagonismo en la vida económica, política y social. Por ello soy partidaria de restituir el equilibrio y la igualdad entre sexos mediante leyes e iniciativas varias, cuan- do estas sean necesarias, pero al mismo tiempo aborrezco el discurso victimista y facilón que algunas mujeres enarbolan como supuesta defensa de sus derechos,


Mayo - Junio 2013


Rosa Díez FOTO: FLICKR UNIÓN, PROGRESO Y DEMOCRACIA


convirtiendo al hombre en blanco de to- dos sus odios y críticas. Según datos del Parlamento y la Co-


misión Europea de 2012, solo el 10% de los directivos de empresas europeas son mujeres; en España los hombres ganan de media un 16,1% más que nosotras, y la media europea de mujeres que forman parte de los gobiernos nacionales de la UE es solo del 26%. Por otro lado, si nos parásemos a analizar los perfiles de las pocas mujeres que han logrado situarse en puestos tradicionalmente reservados a los hombres, veríamos en la gran mayo- ría de ellas un comportamiento y un esti-


lo muy similar al de sus homólogos mas- culinos. ¿La razón? Muchas mujeres han alcanzado cargos pensados para hombres a costa de su condición de mujer. Dicho de otra manera, han actuado con un estilo y unas actitudes más propias de los hom- bres (carácter fuerte, tenacidad, capaci- dad de mando…) que de nuestro carácter innato (empatía, diálogo, emotividad…) En relación con este tema, me sorpren-


dió hace unos días (bueno, en realidad me hubiera sorprendido lo contrario) ver en una conocida revista de moda, en una sec- ción donde se presentaban looks de lo más variopintos (estampados geométricos, co- lores fluorescentes, estilo vintage…), que el look que denominaban “súper woman” mostrase a mujeres claramente “mascu-


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