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Recorriendo el Amazonas
Doug Clements, EE.UU.
El comienzo de una
ilustRe cARReRA
A
llá por la oscuridad de los una altura media de seis pies para el ma que lo pintamos; tenía elevadores,
recuerdos de mi pasado, hombre parado al lado del avión en timones y alerones. Caramba, era el
cuando yo no era más una de las fotos, podíamos averiguar avión mejor construido por hombre
que un muchachito, (y era las dimensiones del avión a su lado alguno, y hasta lo bautizamos con el
realmente una era oscura pues no – y construir uno nosotros mismos. nombre de El Relámpago.
teníamos electricidad), decidí que Ni hablar de lo emocionados que es- Mike, mi hermano mayor, estaba
quería ser piloto en la selva. Mi fami- tábamos mi hermano y yo. Mientras entusiasmado porque estaba conven-
lia andaba corta de ingresos, pero mi manipulábamos pedacitos de madera cido de me darían náuseas en vuelo
padre no era de los que desaniman y papel (el fuselaje estaría recubierto (“Airsickness” en inglés y por supuesto
a sus hijos. De modo que encontró de papel estirado sobre la armazón también en el volumen de la A). El se
la forma de que pudiera aprender de madera), ya mi cabeza estaba enfermaba en cualquier vehículo en mo-
a volar, sin sufrir mayores descala- llena de visiones de exploraciones en vimiento, se mareaba hasta de mirar un
bros en el proceso. las selvas, desde la comodidad de mi vehículo en movimiento, y estaba segu-
Mi padre tuvo una participación lujosa cabina, e impresionando a las ro que vomitaría hasta las tripas, de lo
muy activa en la crianza de todos sus chicas en las aldeas remotas. que pensaba regocijarse enormemente.
hijos. Nos reunía en grupo para cual- Finalmente llegó el día que Me subí en la cabina y practiqué los
quier ocasión que considerara una terminamos el avión. Papá había movimientos de la palanca que había-
oportunidad de buena educación. diseñado un singular sistema para mos ajustado con sogas. Las superfi-
Sólo que su opinión de “una buena poder volarlo como un deslizador, cies de control parecían funcionar bien,
educación” era poco ortodoxa. Nos sin necesidad de motor. Amarramos de modo que le di la señal de arranque
convencimos de esto por todos los el avión sobre el techo de nuestra a mi padre y nos abalanzamos hacia el
acalorados desacuerdos que tenía vieja camioneta. Papá lo había co- barranco. Mis hermanos nos esperaban
con nuestros maestros. Pero aun así, locado de modo que, al acelerar el al borde del barranco para presenciar
siempre se afanaba por lo que con- paso y apretar los frenos de repente, el despegue. Papá pisó los frenos y
sideraba un conocimiento valioso salí disparado desde el techo como un
para nosotros. cohete. Había que ver cómo manipulé
La televisión sólo había salido esa palanca como si estuviera batiendo
al mercado unos cuantos años, pero crema. Desafortunadamente, nuestras
lo suficiente para que tuviéramos prácticas de construcción no fueron
un modelo barato de uso, con una diseñadas precisamente para mantener
minúscula pantalla de seis pulgadas. el avión en una pieza durante las tensio-
Había que sentarse con la nariz nes producidas por el vuelo real.
enterrada en la pantalla para poder Por supuesto que se veía magnífico
ver algo. Mis hermanos y yo nos tur- sobre el techo de nuestra camioneta,
nábamos. Los muchachos mayores pero en cuanto empezó a surcar el aire,
podían permanecer más tiempo. se deshizo como un rompecabezas tira-
(Incluso a edad tan temprana apren- do contra el suelo. Caí en picada al lago,
dimos que los más fuertes siempre y por suerte el aparato estaba hecho de
se imponen a los débiles). papel y madera, porque si no, no me hu-
Un día observamos un progra- el avión saldría disparado desde el biera podido escabullir del descalabro.
ma sobre un hombre volando una techo. Así que allá fuimos hacia un Esa es la historia de mi primera
avioneta en la selva. No recuerdo en lago cercano, que tenía un barranco lección de vuelo. Mi padre estaba con-
qué parte del mundo, pero en ese alto y una carretera que terminaba vencido que yo había hecho algo equi-
mismo instante le dije a mi padre que justo al borde del barranco. Aunque vocado, pero no podía determinar que
eso era lo que iba a hacer cuando el barranco se alzaba a apenas 20 había sido. Seis meses después dio
fuera grande. Poco tiempo después, pies sobre el agua, para mí, con mis con la respuesta, cuando consiguió el
papa se apareció con un volumen de meros 12 años, me sentía a miles volumen 19 de la enciclopedia, la letra
una enciclopedia – la letra A. ¡Y ahí de pies de altura al mirar desde las O. Lo recuerdo entrando intempestivo
en la página 163 había una sección alturas. Naturalmente fui el seleccio- a mi cuarto, mientras me mostraba la
completa dedicada a los aviones! nado para probar nuestra hermosa explicación del “sobre control” (Over
Mi padre calculó que si aplicábamos creación. Se veía precioso de la for- controlling en inglés). n
www.revistaaerea.com • febrero/marzo 2010 revista aérea 3931
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