M A R C O A U R E L I O C A R B A L L O
Hildegard Albrecht de Sotomayor
Editorial Miguel Angel Porrúa Primera Edición 2009, 56 pp.
ALEGRÍAS, FRUSTRACIONES Y OTROS SENTIMIENTOS PROFUNDOS
por primera vez la historia de amor que vivió con un hombre, en muchos sentidos, excep- cional. La maestra y escritora de vocación tar- día, pero de una prosa muy sólida, revela en este pequeño libro cómo conoció a su futuro marido, cómo sus vidas se fueron entrelazan- do y de qué manera mantuvo con este audaz periodista y poeta una relación duradera que se prolongó hasta su muerte hace 15 años. Ya retirada en su condominio de Cuernavaca, Hilde, para los amigos, deshilvana con suti- leza los recuerdos con la misma intensidad y emoción con que fluyen en su cabeza y se trasmutan en letras perennes destinadas a di- seminarse a través de este libro.
L
Autor: Bertrand Rosenthal Editorial Random House Mondadori Sello: Debate México 200 pp.
SIEMPRE GANA LA VIDA
la AFP, forma parte de la pléyade de viejos pe- riodistas que se han forjado al calor de gue- rras civiles, en países de Africa, Asia y Medio Oriente. Como resultado de sus experiencias escribió un libro que incluye 13 crónicas de diferentes conflictos, cuyo común denomina- dor es uno sólo: darle forma humana al dolor de la guerra. En siempre gana la vida pre- valece el optimismo, pero subyace también una enorme decepción por la persistencia en nuestros tiempos del poder ciego y de la falta de valores elementales como la tolerancia y el respeto a la diferencia. Rosenthal retrata la devastación y la crueldad de quienes se en- frascan en una feroz lucha por el poder, sin importar las causas profundas de los pueblos.
B
ertrand Rosenthal, quien ha pasado algu- nos años en México como corresponsal de
a viuda del inolvidable maestro, historia- dor y periodista Arturo Sotomayor narra
CRÓNICAS NON SANCTAS Espionaje telefónico
C
omprendo. Eres la clase de escritor que no corrige y que si le desagrada lo que
escribe echa a la basura quién sabe cuán- tos árboles talados. Cómprate una compu. Olvida el cibercafé. Uno de aquéllos era Chandler. Los otros perfeccionan el error, corrigiendo hasta el cansancio. Puede con- seguirse una genialidad humana a punta de friega, sostiene Vargas Llosa. La diferen- cia entre Chandler y tú, es que él tenía para el whisky. Haz un ejercicio de introspección y des-
cubre por qué estás angustiado. Tonto no eres y hasta piensas, da la impresión. A lo mejor caminas viendo la banqueta en busca de alguna moneda. Como buen mexicano sabes manejar la jodidencia, no la rique- za. Es mi caso. Cuando me cae una lana pienso que ya no ejercitaré la imaginación (con el Melate), para ver en qué gastaré los millones. Estás incluido. A nuestra edad, te- ner aventuras es andar por la vida con las bolsas rotas. Ignoro cómo le haces para tener tiempo
y jugar ajedrez ¡contra una máquina! Desde las redacciones supe que no servía para el ajedrez. Por güey o por güey y medio. Su- cede que mi capacidad de concentración es mínima. Tres paludismos y dos saram- piones me provocaron una DMC, siglas de la Disfunción Mínima Cerebral. Las fiebres te desajustan el sistema eléctrico cerebral. Agrega que, por ve tú a saber qué aristas de la idiosincrasia, soy antisocial. No soporto estar con más de una per-
sona, a quien escucho sin problemas y, si es aburrida, escribo en mi cabezota. Hay dos razones. De chamaco, en casa, nomás hablaba el granadero de mi padre y en las redacciones me topé con tipos como K, quienes nunca me dejaron meter mi cucha- ra. Otro es P. En cada ocasión trato de llenar los huecos que él deja en su perorata con problemas de sintaxis oral y esa incoheren- cia de quien ha recibido batazos en la nuca. Ahí, me temo, es donde están las sinapsis que unen la sesera con la sin hueso. Hace poco, D quiso psicoanalizarme
en una sesión y no le entendí nada. El que piensa mal ¿cómo se da a entender? Cuan- do hay dos, tres personas, si son como K o como P, las aguanto sólo ebrio. Aunque el primero a veces utiliza parte del magín para chocholearte. Pero cuando habla de sus éxi- tos puede llegar a ser insoportable.
Tú historia con la tuerta me recuerda
Retratos de Fidelman, de Malamud. Un judío gringo viaja a Roma y a Florencia, donde vive experiencias desopilantes, pero igual dices qué güey es este güey. Un pintor mediocre (podía ser escritor) cono- ce a un pordiosero que lo transa y des- pués a una señorita puta con un cinturita octogenario. La dama, je je, decide que- darse a vivir en el piso del artista, pero el padrote los acosa porque desea recobrar a su putilla. Cuando descubre al pintor, el viejo le escamotea pinturas y esculturas. No me gustó el final. Hasta a Malamud pueden írsele las patrullas. No importa si la tuerta quiere contigo,
o no quiere, opino. Es mejor querer a que te quieran, dijo Kierkegaard. Como tú sa- bes, era jorobado y cojo. Tú no soportas el rechazo, he visto, cuando mandaste al carajo al lector porque temiste que no le gustaran esas cien cuartillas. Importa es- cribir... no jugar ajedrez. No la amueles. Ocúpate de la tuerta. ¿Temes que el
marido te enfrente? Resiste. Olvida el des- contón. No le sabes... Échatele encima y a ver quién logra sacarlo de abajo. Ese numerito te sale bien. ¿Sigues pesando ciento veinte? Todos los escritores se parecen. Ahí
podrías hallar consuelo o consejos. Los diferencian fruslerías como escribo de día o escribo de noche; escribo mejor cuando amo, o como escribió tu doble Tolstoi, bo- cado de cardenal para las feministas: “El matrimonio no sólo no es felici-
dad sino que siempre es un sufrimiento. Es el precio que el ser humano paga por la satisfacción de un deseo sexual. Un su- frimiento en forma de esclavitud, de satu- ración, de repugnancia, de todo tipo de vicios morales y físicos del cónyuge, que hay que soportar: la maldad, la estupidez, la falsedad, la vanidad, la ebriedad, la pereza, la avaricia, la codicia, el libertina- je… Desde hace setenta años mi opinión sobre las mujeres no hace sino bajar, y es necesario que baje más y más todavía. ¡La cuestión femenina! ¡Por supuesto que hay una cuestión femenina! Sólo que no es para que las mujeres se pongan a dirigir la vida, sino para que dejen de arruinar- la.”
¿Sigues ahí?
marcoaureliocarballo.blogspot.com
G G GENTESUR 61
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