día me invitó a su casa. “Me comentó que estaba tratando de
resolver el problema del movimiento con- tínuo. Ya sé que no lo voy a resolver, pero por lo menos me entretengo en mi casa, me dijo.
“Tenía un aparato de pared a pared,
con decenas de ruedas, resortes, y colocan- do un balín metálico sobre un recipiente, ponía a funcionar durante horas un engra- naje que prácticamente caminaba solo. Realmente sorprendente. Un genio”. En torno a La Familia Burrón, des-
mientió la idea generalizada de que era su forma de vida “cuando en realidad la tenía arrumbada en un rincón. Ni le hacía caso. Qué raro: a la gente es la que más le gusta. Yo la tenía en un rincón, como un trasto viejo, no le prestaba atención ni cinco mi- nutos, porque estaba abrumado de trabajo y es la que más satisfacciones me dio”. Relataba que en las noches dictaba
hasta 6 historietas de 100 páginas y todo de memoria y luego en una mesa muy grande sentaba a sus dibujantes y les ins- truía sobre los cuadros que debían hacer. “Aquí debe ir Regino cuando llega a la pe- luquería. Aquí le grita Borola”. Parco en torno a revelar su vida priva-
da, señalaba sin embargo que le agradaban de sobremanera los danzones “Me gustaba mucho eso del danzón.
LOS AÑOS 30. Gabriel Vargas, en una foto de época. En la imagen de la siguiente página, Guty Vargas, Héctor El gordo Macedo y Miguel Mejía, reciben instrucciones del maestro
-¡Vete por el pan y la leche, que se va
hacer tarde! El pobre hombre, que todavía andaba en pantuflas y bata, le decía: -Ahorita voy, pero déjame arreglarme. Y
ella le respondía autoritariamente: -¡No, te me vas ahorita; luego te arre-
glas!” Esa fue la pareja inspiradora. Don Gabriel refería que a Borola, su per-
sonaje principal -la señora gorda de origen-, “la hice flaca por comodidad de trazo. La si- tué en una vecindad, pero en realidad no la conocí ahí. Don Gabriel definía a Borola -contra la
visión que muchos estudiosos tienen de ella-, como una suerte de precursora del feminis- mo, que luchaba por las libertades que ahora tienen los hombres y las mujeres”.
LA PELUQUERÍA EL RIZO DE ORO En cuanto a uno de los principales es-
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cenarios de la historieta, la peluquería El Rizo de Oro, señalaba que en realidad exis- tió, pero no se llamaba así. “Estaba en la calle de Miguel Schul-
tz, por donde yo vivía. Yo me iba a cortar ahí y me daba tentación ver que quien ma- nejaba la maquinita, era un hombre muy instruido que no platicaba tonterías. Había estudiado ingeniería en la Universidad de México”, contaba. Así se enteró que terminó de peluque-
ro porque su padre murió “y le dejó la pe- luquería, muy bonita, con varios sillones, y él no tuvo más remedio que ponerse al frente. Era su medio de subsistencia”. Lo que al maestro le llamaba la aten-
ción era que “él tenía una facilidad increí- ble para exponer conceptos, ideas y todo, muy diferente al común de la gente. Era un hombre inteligente al que llegué a apre- ciar bastante; un hombre preparado. Todos pensaban que estaba loco y no era así. Un
Carlos Campos, creo, me hizo 3. La Fa- milia Burrón tiene sus danzones: El buen caperuzo tiene uno por ahí. Me los hizo también Mariano Mercerón. “Me acuerdo que cuando entraba al
Salón México, si me veían entre la gente, en un momento se oía: danzón dedicado al maestro Vargas y amigos que lo acom- pañan”. Si no hubiera sido caricaturista, a
este cronista singular de la vida urbana de México le hubiera gustado ser pintor e ir a Francia, pero dice que ni él mismo sabe sé qué hubiera sido de su vida. “Ni como hobby he pintado de caba-
llete, porque no hubiera tenido tiempo. No tenía tiempo ni para comer. Yo comía hasta las 10 de la noche, porque en el día esta- ba abrumado por el trabajo. Los meseros llevaban del restaurante la comida y ni la destapaba”, recuerda. De hecho, esa fue la causa de que se
enfermara por primera vez. “En esa oca- sión, de pronto perdí la memoria, no sabía ni quién era yo. Fue una etapa de las 2 de la tarde a las 10 de la noche. El médico me dijo: Te dio amnesia incipiente y si te ha dado amnesia profunda, no sales de ahí”. Sobre esa experiencia, que lo dejó se-
FOTO .COLECCIÓN GABRIEL VARGAS /GENTESUR
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