mar 19.76 puntos y totalizar 152.41. “Fue un clavadazo. Sabía que era el adver-
sario a vencer. ¡Cízcalo, cízcalo, diablo panzón¡, había yo pronunciado segundos antes, en silen- cio, para que lo fallara, mientras el americano se preparaba aún en la plataforma. “En ese momento justo me acordé de mi
participación días antes, en la competencia de trampolín de 3 metros”, asegura 53 años des- pués, como si fuese ayer, con esa memoria pri- vilegiada que posee, el clavadista mexicano Joa- quín Capilla Pérez, ganador del Premio Nacional del Deporte 2009. Entre los finalistas de la prueba habían fi-
gurado, además de los estadounidenses Richard Connor y Gary Tobian, 3 mexicanos: su hermano Alberto (9), Juan Botella Medina (10) y él, que 5 días antes, había ganado la medalla de bronce en trampolín de 3 metros, y se le había escapado el oro, por haber intentado cambiar la técnica; falló porque se abrió antes y cayó casi de espaldas. Por ello obtuvo calificaciones de 2 y 3. Del pri- mer lugar de clasificación, pasó al noveno. En esa competencia, al salir de la piscina, su
amigo Robert Bob Clothworthy, quien obtuvo la medalla de oro, palmeó la espalda del espigado atleta mexicano, de 28 años, y le dijo: -Sorry, here is where you loose. (Lo siento,
aquí ya perdiste). Pero Joaquín Capilla todavía alcanzó el tercer lugar. En la final de plataforma de 10 metros, el
comportamiento de Gary Tobian no fue muy diferente al de su compatriota Clothworthy. Ca- balleroso, luego de conocer sus altísimas puntua- ciones, Gary le dijo: no cambies tu clavado; mu- cho ojo a la entrada. Hay que entrar derechito al agua. Y así lo hizo. “Cuando salí de la piscina, al ver las cali-
ficaciones, no lo podía creer. De los 7 jueces, 6 me calificaron con 10 y uno con 9.5. En total, 21.32 puntos. Uno de ellos, de origen ruso, me comentó luego que me hubiese puesto 11, por- que mi clavado había sido perfecto, pero el tope eran 10”. En total había logrado 152.44 puntos, 3 centésimas por arriba de Gary Tobian. “Todos me empezaron a abrazar y a felici-
tar, pero yo les decía que se esperaran a que fuera oficial, y cuando escuché por los micrófonos The olympic champion of the world is… Joaquín Ca- pilla, entonces empecé a llorar de felicidad. “Era algo histórico porque en más de 3 dé-
cadas nadie le había ganado a Estados Unidos. Todos me aplaudían. Los australianos lo festeja- ron como si se tratara de un compatriota. Fue un
CLAVADISTA SOBRESALIENTE. Fue el único deportista mexicano en lograr 4 medallas olímpicas. Su muerte caló hondo en su esposa Carmelita, quien lo acompañó hasta su última morada
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privilegio haber escuchado nuestro himno nacio- nal”. Joaquín Capilla recordaba ese inolvidable día en que subió al podio a recibir la medalla de oro. Con la emoción reflejada en sus ojos y en su voz, revivía con Gentesur esos momentos. Al volver a México en el aeropuerto fue re-
cibido por 10 mil fanáticos, gente que ni lo co- nocía, lo alzaba en hombros. El pensaba: ¡qué bruto¡, ¿pues qué hice? Un teniente coronel del Estado Mayor, le
dijo: -Señor Capilla, lo esperan 14 motociclis-
tas para escoltarlo con el señor Presidente Ruiz Cortines. Luego, un periodista le preguntó si le iba a
regalar la medalla a don Adolfo. Cuando estuvo frente a él, se la mostró. La
tomó entre sus manos y se acordó del periodista. ¿Se la dejaré al Presidente?, se preguntó.
Lo meditó unos segundos, pero como él la ha- bía colocado ya sobre la mesa, entonces se dijo: “Matanga dijo la changa, y me la guardé”. El 30 de diciembre, a pocos días de haber
obtenido su medalla olímpica de oro, se casó con Elvira Castillo, Señorita México 1954 con quien procreó a su hija Carolina, y disfrutó de una no- toriedad que él creyó duradera. Incluso, los productores de cine capitaliza-
ron su momento de gloria y lo invitaron a parti- cipar en la película Paso a la juventud, estrenada el 11 de diciembre de 1958, y dirigida por Gil- berto Martínez Solares, con las actuaciones de Tin Tan, Ana Bertha Lepe, Paco Malgesto, Óscar Ortiz de Pinedo, Wolf Rubinsky y Erna Martha Bauman. “Todos me ayudaron mucho, me acon- sejaban; incluso Wolf me enseñó a pegarle tan bien que, cuando filmamos, le dí tan fuerte que lo tiré y hasta me pagaron por eso.
© Foto: Eikon/Gentesur
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