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riamente impactado, relata que se sintió “solo en el mundo. No sabía en qué tra- bajaba, no reconocía ni los billetes que sa- qué de mi pantalón. Fue horrible, una cosa espantosa. Perdí la memoria y no sabía ni quién era, si tenía mujer, hermanos, hijos, nada.


Felizmente, como por obra de la ma-


gia, de pronto escuché un tin y me acordé de todo nuevamente. Fui a mi casa y los médicos me advirtieron que si no me cui- daba, la cosa sería peor. “No seas tonto, me dijeron. Y me tuve


que calmar. Mi esposa Guadalupe termi- nó indemnizando a todos los dibujantes. Cuando volví ya no tenía ayudantes”. Maestro, ¿ha tenido contacto con los


hombres de poder en México? ¿Ha sido cercano a algún presidente, por ejem- plo?


Pues sí los conocí, pero para qué men-


tir: he rehuido constantemente el trato con políticos. Yo siempre he dicho: político con puro, ladrón seguro. También se refirió a la reducción en la


circulación de la revista. En el momento de la entrevista hacía 15 mil ejemplares sema-


nales pero recuerda que en algunas épocas el tiraje alcanzó los 500 mil. “Pero no sólo ha tenido que ver en ello


el problema económico. También ha baja- do por la sencilla razón de que la televisión tiene atrapada a la gente: va acabar con todo, hasta con los periódicos”, profetizó. Don Gabriel fue un crítico acerbo de


la televisión, de la cual lamentaba que “to- das las noticias te las dan digeridas y al paso que vamos, van a dejar un mundo de ineptos, de gente que esté sentada con una cerveza, frente a la tele, sin moverse, como idiotizados”. Sin embargo, no dejaba de reconocer


que paradójicamente también era “un in- vento maravilloso que quién sabe hasta dónde llevará al mundo”. De la misma forma profetizaba que la televisión iba a acabar con las historietas. “Han venido aparatos que han revolu-


cionado a todo el mundo. Los niños ahora están en el Nintendo, no con juguetes ba- bosos como los de mi época. “Desde chiquitillos están dedicándole


el tiempo que le pueden dar a sus papás y a sus estudios.


Hasta siempre Maestro


Gabriel Vargas “Ahí por ese camino -el de la tele-,


también está el invento del Internet y las computadoras. Ojalá que no acaben con todo”.


Como anticipando el futuro, decía que


“en los siguientes años sólo espero morir- me y que me entierren. La historieta se iría conmigo, porque desde la tumba no segui- ré haciendo muñecos. “Hablando en serio: ya no hay quien


me siga. Guty, mi propio sobrino, y los demás dibujantes me advirtieron: Aca- bando tú, ya no queremos saber nada de la revista. Y es cierto, los dibujantes ya no trabajan aquí, hacen el trabajo en su casa, pero el estilo ya lo tienen más que copiado. Llevan muchísimos años trabajando con- migo”. Su mano derecha ya no le sirve para


dibujar. ¿Nunca intentó hacerlo con la izquierda? No, nunca. Toda mi vida fui derecho y ahora de viejo no voy a estar de zurdo. Así concluyó esa charla, con el genial


dibujante. G


GENTESUR 23


FOTO .COLECCIÓN GABRIEL VARGAS /GENTESUR


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