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NUNCA SOÑÉ CONVERTIRME EN CARICATURISTA


TALENTO, GENIO Y CABALLEROSIDAD FUERON LOS


PRINCIPALES DISTINTIVOS DEL MAESTRO GABRIEL VARGAS BERNAL, SIN DUDA, EL CARICATURISTA O CREADOR DE MONIGOTES -COMO ÉL MISMO GUSTABA LLAMARSE-, MÁS RECONOCIDO. A LO LARGO DE 82 AÑOS DE INCESANTE TRABAJO, DIO VIDA A CENTENARES DE PERSONAJES DE LA HISTORIETA MEXICANA. POR SUS MANOS DESFILARON


FIGURAS TAN DISÍMBOLAS COMO JESUCRISTO, SHERLOCK HOLMES, PANCHO VILLA, VIROLA Y PIOLITA, PONCHO LÓPES Y JILEMÓN METRALLA Y BOMBA, ENTRE OTROS. SIN EMBARGO, SU MAYOR ÉXITO LO CONSTITUYÓ LA FAMILIA BURRÓN, CONSIDERADA COMO EL RETRATO SOCIOLÓGICO MÁS EXACTO DE LA CLASE MEDIA MEXICANA


de buenas a primeras. En efecto, en las innumerables fotografías familiares y los testimonios en video de sus


E


conversaciones con los periodistas, este genial caricaturista siempre ofrecía un gesto adusto que escondía su bonhomía interior, la cual salía a flote sólo cuando las bromas de sus interlo- cutores hacían mella en el gusto del hombre que -paradojas de la vida-, llevaba entonces más de 7 décadas haciendo reír al resto de la gente. “Sólo escribo para la gente que sabe reír porque es gente feliz; la gente que no se ríe se está


tragando su propia bilis, hace los lugares infelices. Mi esposa me hace relajo, porque -dice- tú nunca te ríes. Y es verdad, nunca me río, pero me gusta hacer reír a los otros”, reconocía. A simple vista era casi imperceptible el golpe de la embolia que por espacio de 15 días lo


aisló del resto del mundo y de la cual, milagrosamente, había podido sobreponerse. No obstante, el impacto fue brutal: le provocó parálisis en su mano derecha, la otra parte


de su alma, y lastimó también -aunque de forma leve- su dicción, además de romper con una actividad creadora febril que consumía hasta 20 horas diarias de su vida. “Lo que más extraño es dibujar yo mismo la revista y mis diarios paseos de 9 de la noche


a 2 de la madrugada por los cafés, los teatros, las carpas, las calles y vecindades del México que tanto quiero y a los antros y sus mujeres, a donde llegaba muchas veces sólo a platicar y a observar, para alimentar mi ser y captar de cerca cómo vive el mexicano”, decía. En sus largos recorridos, observaba a la gente pobre, a la que consideraba “la más buena


de todas, la más noble. Es algo que todavía me conmueve. “Yo caminaba mucho por San Juan de Letrán, una calle muy alegre. Desgraciadamente, hoy son otros tiempos y la ciudad ha cambiado muchísimo, la delincuencia se ha volcado


12 GENTESUR


n el refugio habitual de don Gabriel Vargas, en su espacioso departamento decorado con buen gusto en la colonia Cuauhtémoc, de la ciudad de México, esa calurosa tar- de de 1998, la recepción fue cordial. El maestro mostraba una gran afabilidad, algo inusual en un hombre al que no se le arrancaba una sonrisa tan fácilmente y menos


FOTO . ALBERTO CARBOT/GENTESUR


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