Inauguran Calderón y Juan Sabines los Hospitales de las
Culturas, en San Cristóbal y General, en Comitán
dente Felipe Calderón señaló que estas obras forman parte de las acciones que emprende su gobierno para mejorar la calidad de vida de los mexicanos. Agregó “el gobernador Sabines y yo, nos
A
vamos a encargar de que antes de que termi- ne su administración y la mía, vamos a lograr
l inaugurar el Hospital de Las Cultu- ras en San Cristóbal de Las Casas y el Hospital General en Comitán, el presi-
A R M A N D O R O J A S A R É V A L O
EPISTOLARIO Gracias, Gabriel
Estimado Alberto:
vité a comer. Escoge -le dije- un restorán de postín. -¡Quéeee¡ -preguntó. -Sí, de postín- repetí. Al percibir que
H
no entendía el significado de la palabra postín, le expliqué que eso significaba lujo o el más fufurufo, o hablando neta, el me- jor.
-¿De dónde sacas esas palabras?, dijo. Hace 50 años llegué al Distrito Fede-
ral en un camión de los llamados pericos, cuya terminal estaba frente a la estación de San Lázaro. Mi primer contacto con la cultura urbana de esa metrópoli que que- ría tragarse a ese jovenzuelo provinciano que venía a probar fortuna, fue La Familia Burrón que compré en el estanquillo que estaba saliendo de la vieja terminal. Leyendo la historieta me dí cuenta
cobertura universal de salud en Chiapas”. Durante la gira número 17 que ha reali-
zado por la entidad, el presidente de la Repú- blica manifestó su preocupación porque los municipios con menor índice de desarrollo humano del país tengan acceso a los servi- cios de salud, para que ningún mexicano, por más alejada que esté su comunidad, se quede sin asistencia médica. “Estamos invirtiendo en la salud de la
gente y en la salud de los más pobres, de los nuestros, porque la salud no debe ser cosa de tener dinero. No debe ser cosa de poder o no poder pagar el servicio. “Queremos que haya salud para todos y
la va a haber en México, estamos haciendo un esfuerzo extraordinario”, destacó Felipe Calderón. Para ello, se invierte en la salud de la
gente y de los más pobres señaló el jefe del Ejecutivo federal. Aseguró que “como gobierno federal he-
mos construido o remodelado mil 700 hospi- tales y clínicas en todo el país, la mayor obra de infraestructura en salud en la historia de nuestro México”.
que la gente del DF, hablaba distinto a la mía, y vivía en vecindades con lavaderos comunes de ropa, donde las señoras chis- meaban, discutían y hasta se agarraban de las greñas. Siempre había una Borola que mangoneaba a las demás, porque las tenía apantalladas con los recuerdos de su rancio abolengo. Que había peluquerías con el cara-
melo luminoso dando vueltas, y que en ellas los clientes mientras los pelaban o arreglaban el bigote, contaban al maes- tro Regino sus cuitas. Con La Familia Burrón conocí las
posadas vecinderas, en las que los ve- cinos olvidaban sus broncas y cantaban las letanías, rompían piñatas en el pa- tio y se ponían hasta atrás bebiendo el ponche con piquete en cantaritos de barro. Yo viví en vecindades. La primera
fue como abonado en la de doña Male, en Primo de verdad, muy cerquita lo que era la Prepa 7 y los Caldos Zenón. A unos metros de los caldos estaba la Librería Porrúa. Después sobre la calle de Guate- mala, en cuya azotea tuve mi primer ro-
ace dos semanas mi hijo Armando cumplió años, y para festejarlo lo in-
mance con una gatita morena que me invitaba la entrada al cine Río, en las calles de Perú. En esa vecindad de Guatemala ha-
bía una Borola, con cuya hija, una chi- nita de muy buenos (no precisamente bigotes) atributos superiores, conocí la verbena mexicana del 15 de septiem- bre en el Zócalo. Salimos del edificio y nos mezclamos con el gentío. Me acuerdo que subidos en la azo-
tea, atrás de los tinacos y entre arruma- cos, veíamos cómo el conserje de Ca- tedral regaba los domingos su milpa. Cuando había dinero para el café
nos íbamos ahí cerquita a La Bombi, una cafetería que estaba precisamente en la esquina de Guatemala y Brasil. Cuando no, nos conformábamos con ver el movimiento de los tranvías que llegaban y se iban. Mi suegra, a la que le decía evo-
cando la historieta, doña Borola, tejía y destejía la historia ya pasada de su fa- milia mazatleca. Cuando la coronaron reina de las fiestas, cuando su papá fue diputado, cuando dejó vestido y albo- rotado a su Romeo. Que si su familia tuvo un carro convertible, que si su her- mano fue esto y lo otro, qué se yo. Mi vida de adolescente transcurrió
en esas y otras vecindades, como la de 5 de febrero y El Salvador, o la de Justo Sierra y Correo Mayor. La Familia Burrón me sirvió para
adaptarme a la urbe, sobre todo cono- cer la idiosincracia de los defeños que vivían en vecindades. Sólo así pude so- brevivir. Las pandillas de El Carmen y de
Mixcalco me habrían hecho pedazos, si no hubiera sido por el aprendizaje que me brindaron Los Burrón. Con ellos aprendí el lenguaje de los barrios. Ha muerto Gabriel Vargas, de ve-
ras lo siento. Yo quisiera unirme al coro de condolencias, pero no, me rebelo. No hay que dar condolencias. Simple- mente digo: Gracias, Gabriel.
armandorojasarevalo@yahoo.com.mx
G GENTESUR 45
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