“Hacía tantas cosas que me volví bueno
para todo, hasta que me pesqué la embolia, por abarcar demasiado”, decía. Luego de 40 años en la cadena García
Valseca, Gabriel Vargas decidió fundar su propia empresa editorial GyG. Posteriormente volvió a Ultimas Noti-
cias de Excélsior donde publicó, durante 11 años, la popular Sopas de Perico y obtuvo el Premio Nacional de Periodismo en 1983. Luego, al poco tiempo de que la revista
Gentesur comenzó a editarse, no puso obje- ción alguna en colaborar en ella, hasta el día de su muerte. Vargas consideraba a El Chango García
Cabral como el mejor exponente de la carica- tura en México, con quien trabajó en Excél- sior y que sin duda marcó toda una era en la historia de los cómics mexicanos. Varios exponentes de esta profesión se
convirtieron en dilectos amigos. Sin embar- go, era notorio que las secuelas de su padeci- miento no le permitían realizar muchas acti- vidades de índole social.
Prefería el aislamiento familiar. “Tengo amigos, pero no a todos les cuen-
to qué ha pasado con mi vida. Es más: mucha gente cuando me ve, no sabe que estuve muy mal, porque domino mi enfermedad. Saludo bien, aunque la mano derecha me quedó tie- sa.
Mis dedos se engarrotaron y hasta para
firmar un cheque tengo muchas dificultades. Me tardo mucho para hacer unas cuantas letras. En realidad me he alejado de ellos porque no me gusta que me vean enfermo”, señalaba. Al referirse al origen de La Familia Bu-
rrón -la publicación más longeva de América Latina, cuyo último ejemplar 1616 se publi- caría el 26 de agosto del 2009-, comentaba con desenfado: “La hice cuando trabajaba en la cadena
García Valseca y surgió por una apuesta que me hizo un amigo, Fernando Ferrari, quien me dijo que yo no era capaz de manejar un personaje femenino; y la hice casi a escondi- das del coronel García Valseca”.
Hasta siempre Maestro
Gabriel Vargas
EL ORIGEN DE LOS BURRÓN Inspirados en personajes de carne y hue-
so, don Gabriel recuerda cómo nacieron los célebres Burrón: “Desde niño yo era muy observador.
Cuando tenía aproximadamente 5 años, iba a jugar a la casa de Jaime El Baby, un cha- maquito que no me caía muy bien, pero vivía cerca de mi hogar. Su mamá era muy man- dona, voluntariosa, especial y ella escogía a los niños con los que su hijo podía jugar en su casa. “La madre del Baby era alta pero regor-
deta, de grandes senos y caderona, como can- tante de ópera. Su marido, un abogado cha- parrito -que ya superaba la media centuria-, trabajaba en el gobierno, no sé qué puesto tenía, pero era muy débil de carácter. Me acuerdo que mientras ella se arregla-
ba las pestañas y se maquillaba, sólo volteaba para ordenarle a su marido:
SENTIDO DEL HUMOR. Gabriel Vargas se daba tiempo para disfrutar con sus amigos y colaboradores. Abajo, a la izquierda, Ga- briel Vargas; Miguel Mejía (con cigarro), Jilemón Metralla; Guty Vargas, Alberto Tilingo Cervantes y René Ruiz
GENTESUR 21
FOTO .COLECCIÓN GABRIEL VARGAS /GENTESUR
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