ACTIVIDAD INCESANTE. Prácticamente hasta el final de sus días, Gabriel Vargas se mantuvo vigente. En su estudio, en jornadas que a veces abarcaban 4 o 5 horas, realizaba la corrección de su legendaria historieta. Dictaba los argumentos y supervisaba las planas originales que luego serían enviadas a la imprenta
enteramente míos -decía-, buenos o malos son míos, pero por más que quiera ya no pue- do dibujar, la mano derecha me quedó inútil. Antes yo los hacía totalmente; ahora le dicto a la señorita Guadalupe López, los dibujantes -Guty, Agustín Vargas, mi sobrino, hijo de mi hermano Ricardo que ya falleció, y René Ruiz- hacen el proyecto y después reafirmo lo que hice. “Las historietas las hago con cierta ra-
pidez, porque no me cuesta trabajo crear los argumentos”, explicaba. De hecho, señalaba que cuando se ponía
a trabajar, lo hacía porque simplemente se le había ocurrido una idea, “pero no siento algo significativo por alguno de mis personajes. Muchos compañeros dicen que de tanto di- bujar uno, ya hasta lo sueñan”, pero él nunca soñó con ninguno de los integrantes de La Familia Burrón, donde los protagonistas son Borola y Regino y sus hijos Reginito, Macu- ca y Foforito. ¿Pensó alguna vez en su vida dedicarse
a monero o monigotero, como usted dice? Nunca. Yo hacía dibujo en serio, es de-
cir, ilustraciones, desde muy pequeño, pero pensar en ser monero, jamás. La caricatura ni soñaba con dedicarme a ella, pero después me ofrecieron un trabajo y me puse a hacer monigotes con tanto éxito, que hasta la fecha sigo en lo mismo. Increíblemente señalaba que nunca había visto una caricatura. Al principio de su carre-
ra, luego de su paso por Excélsior, trabajó con don Ignacio Herrerías en Novedades, que en ese entonces no editaba un diario, sino la revista Mujeres y Deportes y, por ejemplo, “realizaba una página pequeñita con ilustra- ciones de los sucesos mundiales de importan- cia, del tipo de El hombre más tatuado del mundo, El buda más inmenso del mundo y cosas como esas”. Luego salió a luz el periódico Noveda-
des y un día don Ignacio le dijo: -Quiero que hagas una historieta
porque están de moda. Pero don Ignacio, ¿cómo voy a hacer eso si no sé ni cómo se hace?, le respondí. -Tú haz una historieta, me ordenó, y
me llevó varios periódicos americanos, del tipo de Walt Disney. Le dije que yo no podía hacer eso. Le
puedo hacer una historieta pero de otra ín- dole, usted sabe que yo dibujo en serio y me sería muy difícil hacer una historieta como esas, repliqué. -¡Pues búscate un tema y ya, hazla!,
me comentó y me metió en un lío que era algo superior a mis fuerzas. Días más tarde Herrerías le preguntó: -¿Y qué tema has pensado? Pues en la vida de un señor que puede
tener éxito. Pensé en la vida de Cristo. -No, no, eso no. ¿Cómo la vida de
Cristo? Hacer proselitismo religioso está penado por la ley, nos vamos a meter en
DIA DEL TRÁFICO. El maestro, frente al dibujo original, en tinta china, titulado Día del Tráfico, donde plasmó a 2 mil personajes. A la derecha, una imagen de la La vida de Jesús, publicada en el suplemento Mujeres y Deportes
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un lío enorme. No, mejor piensa otra cosa. En esa época Lázaro Cárdenas era presi-
dente de la República. Transcurrieron algunas semanas y el
empresario volvió a preguntarle sobre lo que pensaba hacer y Vargas le insistió en que planeaba desarrollar ese tema. Luego de meditarlo brevemente, el editor le aceptó la
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