This page contains a Flash digital edition of a book.
momento de su muerte, según las estimacio- nes de los especialistas. Fue colocado en posición decúbito dor-


sal y extendido (es decir, boca arriba), y con la cabeza hacia el norte. Su boca estaba ta- pada con una concha y sus dientes llevan in- crustaciones de jade o concha. Por la posición de los esqueletos, se intu-


ye que el niño fue cuidadosamente enterrado, conservando articuladas sus extremidades, no así el joven de aproximadamente 20 años quien posiblemente fue arrojado al interior de la tumba. Los arqueólogos Bruce Bachand, Emi-


liano Gallaga y Lynneth Lowe, investiga- dores del Proyecto Arqueológico Chiapa de Corzo, destacan la abundancia y variedad de ornamentos de alto valor que conforman el ajuar funerario del personaje principal y que se compara por su lujo y grandeza con las fas- tuosas tumbas de reyes y príncipes de otras culturas antiguas. Por ejemplo, fue ataviado con sartales de


más de un millar de cuentas de jade (peque- ñas y grandes), un taparrabo o faldellín al que le fueron incrustadas minúsculas perlas; pen- dientes de jade de diversas formas, incluyen- do un lagarto y cucharillas de estilo olmeca; ajorcas en sus tobillos y rodillas, pulseras y brazaletes. También le fue colocada una posible


máscara con ojos de obsidiana verde, un es- pejo de pirita y 15 vasijas, algunas de ellas de superficie pulida de color negro a grisáceo o blanco y negro, con diseños negativos o pun- zados. Junto a la cámara principal, techada con


morillos y tablones (vencidos después por el peso de las lajas y el barro que sirvieron de cripta), y en un pequeño desnivel, los ar- queólogos hallaron otro sepulcro, de 2 por 3 metros cuadrados, donde se encontró la osa- menta -probablemente de una mujer-, cuya edad al fallecer debió oscilar los 50 años. Igualmente sobre su boca tenía una concha y mostraba incrustaciones dentarias. Depositado también bocarriba y extendi-


do, pero con dirección al Este, el cuerpo fue acompañado de una profusa ofrenda, consis- tente en un ajuar de jade y perlas, pendientes en forma de aves y de un mono saraguato, dos vasijas, un espejo de pirita, una espina de mantarraya colocada sobre su pecho, así como cuentas de ámbar.


EL USO RITUAL DEL ÁMBAR El arqueólogo Emiliano Gallaga, direc-


tor del Centro INAH Chiapas señaló que son escasos los hallazgos de ámbar -resina fósil abundante en algunas zonas del nororiente de


ORNAMENTOS DE


ALTO VALOR. Los ar- queólogos Bruce Bachand y Linneth Lowe (abajo) señalaron que el lujo del ajuar funerario del personaje principal, es muy similar a la de reyes y príncipes de otras culturas antiguas


la entidad-, en los vestigios arqueológicos y que este es uno de los más antiguos, lo cual confirma su uso ritual en entierros desde hace siglos. Tanto Gallaga, como Bruce Bachand y


Lynneth Lowe, investigadores de la BYU y el Centro de Estudios Mayas de la UNAM, respectivamente, coincidieron en que las características de este descubrimiento, ha- cen posible afirmar que la tradición meso- americana de utilizar las pirámides como recintos funerarios, es mucho más antigua de lo que se pensaba, y que no proviene del área maya. “Mil años antes de la aparición de tum-


bas reales al interior de pirámides en sitios de la región maya, en Chiapa de Corzo, en el 700 A.C., ya se estaban usando estas es- tructuras piramidales con fines de enterra- miento para personajes de élite”, afirmaron los expertos. La cantidad y variedad de elementos de


cada una de las ofrendas indica el intercam- bio tan temprano que la región central de lo que hoy es el estado de Chiapas mantuvo con sitios distantes ubicados en el Valle de Méxi- co, la Costa del Golfo e inclusive el Valle Mo- tagua de Guatemala, donde se encontraban los mayores yacimientos de jade. La gran similitud que guardan varios


de los elementos dispuestos en este entie- rro múltiple de Chiapa de Corzo -sobre todo ornamento y cerámica, con otros que fueron descubiertos en la década de los cuarenta del siglo pasado, en La Venta, Tabasco, concretamente en la plaza prin- cipal del Grupo C-, confirman los nexos que mantuvieron ambas ciudades en el Preclásico Medio. Bachand, Gallaga y Lowe destacaron


que las exploraciones más recientes en Chia- pa de Corzo confirman la amplia ocupación


humana de este lugar, por lo menos desde 1200 a. C. Coinciden con el surgimiento de asen-


tamientos en el área nuclear olmeca, princi- palmente con La Venta. “No cabe duda que la tumba tiene una conexión con la región nuclear olmeca, más directamente con La Venta. Sin embargo, existen otros elementos que nos muestran una separación entre los líderes de esta antigua ciudad con La Venta. Para confirmar eso debemos explorar tam- bién áreas domésticas de Chiapa de Corzo”, dijeron. Indicaron que la excavación sistemática


en esta zona arqueológica chiapaneca ha per- mitido establecer una secuencia de tipos ce- rámicos que permitirá fechar inclusive otros contextos arqueológicos, por ejemplo, en las regiones olmeca y maya. En esta urbe prehispánica de Chiapas


se estableció la cultura zoque, desprendida de una familia lingüística que abarcó todo el Istmo de Tehuantepec y la costa del Gol- fo de México.


G GENTESUR 49


FOTOS.MEDIOS/INAH/GENTESUR


Page 1  |  Page 2  |  Page 3  |  Page 4  |  Page 5  |  Page 6  |  Page 7  |  Page 8  |  Page 9  |  Page 10  |  Page 11  |  Page 12  |  Page 13  |  Page 14  |  Page 15  |  Page 16  |  Page 17  |  Page 18  |  Page 19  |  Page 20  |  Page 21  |  Page 22  |  Page 23  |  Page 24  |  Page 25  |  Page 26  |  Page 27  |  Page 28  |  Page 29  |  Page 30  |  Page 31  |  Page 32  |  Page 33  |  Page 34  |  Page 35  |  Page 36  |  Page 37  |  Page 38  |  Page 39  |  Page 40  |  Page 41  |  Page 42  |  Page 43  |  Page 44  |  Page 45  |  Page 46  |  Page 47  |  Page 48  |  Page 49  |  Page 50  |  Page 51  |  Page 52  |  Page 53  |  Page 54  |  Page 55  |  Page 56  |  Page 57  |  Page 58  |  Page 59  |  Page 60  |  Page 61  |  Page 62  |  Page 63  |  Page 64  |  Page 65  |  Page 66  |  Page 67  |  Page 68
Produced with Yudu - www.yudu.com