PLENAMENTE CONSCIENTE DE SU DETERIORO FÍSICO, EL MAESTRO DECIDIÓ AISLARSE
UN HOMBRE PRISIONERO DE SU PROPIO CUERPO
“LUPITA, CUÍDATE MUCHO. ME HAS HECHO MUY FELIZ; GRACIAS POR TODO. TE QUIERO MUCHO”, LE DIJO A SU ESPOSA ANTES DE MORIR
P
or decisión propia, hace unos 6 meses, Gabriel Vargas deci- dió aislarse y dejó de frecuentar a sus amigos y hacerse pre- sente en las tradicionales comidas ofrecidas los miércoles y sábados en su casa. Sin embargo, pidió que bajo ninguna
circunstancia éstas se interrumpieran. Se extrañaba sinceramente su presencia. “Me da pena; me averguenza, que me vean en este lamentable
estado; ya soy un verdadero redrojo”, confiaba con pesadumbre. “Estoy hecho un desastre; nunca pensé en estar así, mejor debieran darme una pistola para acabar de una vez con todo esto. Quisiera morirme; ya viví mucho”, manifestaba. Su languidecido cuerpo albergaba un cerebro privilegiado, pero
al paso de los años, paulatinamente éste se negó a obedecerlo y pre- cisó del apoyo de una silla de ruedas para desplazarse al interior de su domicilio. Su última aparición pública tuvo lugar el 20 de agosto de 2008,
cuando asistió a la entrega del doctorado Honoris Causa, que le otor- gó la Universidad Autónoma de Hidalgo. Y dejó de concurrir a las cotidianas sesiones de trabajo en su
estudio, a principios de agosto pasado, como preámbulo a lo que ven- dría pocos días después, cuando en consenso con su esposa, determi- naron publicar el último ejemplar de La Familia Burrón, historieta que editaron bajo su sello GyG, por más de 31 años . Habituado casi toda su vida a vestir impecablemente de traje
-pañuelo blanco en el bolsillo del saco-, tuvo que acostumbrarse a permanecer en un pequeño estudio o en la recámara de su casa, gene- ralmente en pijama, cubierto por un suéter. -Maestro, ¿Cómo le hace para verse tan impecablemente vesti-
do y acicalado a cualquier hora del día? Seguramente que usted se baña con el traje puesto, le preguntaba siempre en broma. Él sólo reía
En muy pocas ocasiones -que tal vez podrían contarse con los
dedos de una mano-, víctima de alguna gripa, permitió que amigos muy cercanos lo viesen desaliñado o mal vestido.
UN CEREBRO PRIVILEGIADO Su actividad intelectual, pese a los padecimientos propios de su
avanzada edad, no sufrió merma. Tuvo el don privilegiado de retener nombres, rostros y hechos. Su cerebro se mantuvo ágil y brillante. Durante varias horas daba
lectura a sus libros favoritos y hojeaba algunos periódicos o revistas, cuyos temas usaba en sus comentarios con su esposa Lupita. Antes de dormir, veía televisión un rato.
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