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H U M B E R T O M A T A L Í H E R N Á N D E Z


EL GOTERO DE HUMBERTO En el Callejón del Cuajo


P


ues nada, así de la nada, en el Ca- llejón del Cuajo, dicen que llega


un nuevo integrante a la vecindad, en donde impera el mando y voz de doña Borola Tacuche de Burrón. Es la casota larga y amarilla del número ochorro- ciento chochenta y chocho. El inquilino se instaló cerca de los


tinacos, porque le gusta ver las es- trellas desde la azotea, pero también para vigilar las diabluras de su amiga Borola. A don Gabriel Vargas Bernal (1915,


LA PONTÍFICE S


Tulancingo, Hidalgo/ 2010-Distrito Fe- deral) lo conocen como El Pintamonos. Por la amistad con don Regino Burrón, despacha en una silla y una mesa de dominó prestadas en uno rincón de la peluquería El rizo de oro. Don Regino, bonachón y compar-


iguiendo la moda de llevar a la pan- talla la vida de mujeres que han sig-


nificado un lugar en la historia, la cin- ta, está basada en la novela de Donna Woolfolk Cross, sobre la única Papa mu- jer, secreto guardado con maestría por la Iglesia. Más allá de cuestiones de morbo o curiosidad, la historia sobre la fémina que se atrevió a desafiar a todos, en un tiempo en que ser mujer era poco menos que nada, resulta interesante y atrapa al público desde su inicio, Si algo pudiera reprocharse, es su duración. Resulta algo cansada, pero las actuaciones y la am- bientación, bien valen la pena. Dirigida por Sönke Wortmann, con


las actuaciones de Johanna Wokalek, John Goodman y David Wenham. Dura- ción: 149 minutos.


tido cuando faltan clientes, que son las más de las veces, agarra la guitarra para acompañar a su nuevo compa- ñero. Es de suponer, atacan alguna canción de las de antes y dicen que hasta Foforito, el chícharo del nego- cio, les acompaña desafinando. De vez en cuando llegan Regino chico, el primogénito de la familia y su hermana Macuca, seguida por el abusivo, pero tierno, Tractor que aspira a la blanca mano de la joya de La familia Burrón. Seguro que desde allá, desde el


Callejón del Cuajo, don Gabriel se evita la pena de ver el ridículo paseo de los restos de los Insurgentes de la Guerra de Independencia, que un supuesto historiador, empeñado en crear la neohistoria del Bicentenario, llevó del Ángel, que parece Ángela, a Chapultepec, y no para un día de cam- po capitalino, sino para encontrar cuál es cuál y quién es quién. El inventor de tal atrocidad es José


Manuel Villalpando. Presume el cargo de Coordinador del Comité Ejecutivo Nacional para las Conmemoraciones de 2010. ¿Verdad, don Gabriel, qué entre más largo el título, menor es la capacidad? Así los restos de Hidalgo, Allende,


Morelos y compañía, incluida doña Leona Vicario, recorren el Paseo de la Reforma, Juárez y Madero para hospe- darse en el Palacio Nacional, y como


el preciso Calderón ya no lo usa, pues que sirva de santuario de criptas. Ya ve, don Gabriel, no ganamos para ver- güenzas, si no pregúntele a su amiga doña Borola, ella sabe de esos dolores. Se acuerda cuando la señora de


Burrón se enteró que tenía una calave- ra y un esqueleto dentro de ella. Le daban tanto miedo, que se los


hizo sacar, y por los patios de la ve- cindad, se arrastraba su pellejo, pelan- do chicos ojotes. Tanto, que hasta los acólitos del diablo querían detenerla, dizque porque era la prueba viva de un delito, y como deben saber en el Ca- llejón del Cuajo, aquí en la capirucha y hasta en las tierras de su compadre Cantarranas, los amigos de lo ajeno y los vendedores de sustancias peligro- sas disparan para todos lados, y que los acólitos del diablo son también sol- dados y marinos, aunque no andan en barcos por el lago de Chapultepec. Pero disparan más tiros que su


compadre y sus cuates de La Coyote- ra o del Valle de los Escorpiones. Uti- lizan semejantes matonas. Y los otros, los enemigos sociales, les responden igual. Pero seguro se enteró de esos escándalos antes de irse a la vecindad. Don Gabriel, mejor dejemos esos


malos asuntos y díganos a los cuates que nos quedamos a chambear, cómo estuvo el banquete, que dicen, pagó doña Cristeta, la chorromillonaria tía de la señora Burrón. En el menú, ade- más de los botellones de champaña de Huejotzingo, hubo ballenato no nato al pipián francés y buey asado a la pibil. También corre el chisme de que


el ilustre poeta desconocido, Avelino Pilongano, el hijo de doña Gamucita, la que lava ajeno, escribió un largo discurso de bienvenida y después un poema épico (debe ser pico) sobre la vida de los personajes y anécdotas de usted. Don Gabriel Vargas, usted es el


papá de todos ellos y responsable de infancias y adolescencias felices, y vie- jeces nostálgicas de millones de mexi- canos. Les contó la historia de una familia, que usted supo narrar como nadie. Gracias por ello. matalih@hotmail.com


GG GENTESUR 59


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