EL PROFESIONAL OPINA A la vez, hacer películas o series donde se
establezca la parte oscura de la vida de cada uno de ellos, las consecuencias que tuvieron por sus actos o la forma como ahora viven en prisión (considerando que realmente vivan en consecuencias deplorables). Muchos estudios se han realizado en otras
partes del mundo y uno de los que más asom- bra, es el de querer establecer que la conducta delictiva proviene de genes que se retrasmi- ten de padres a hijos, con teorías que buscan sustentar estos comportamientos, por lo que se mencionan en este artículo algunos de los hallazgos de estudiosos del comportamiento humano. Aun cuando se presentan algunas de las
hipótesis sobre la transmisión de genes, que se considera es importante saber, también debe- mos considerar que en los últimos 14 años el crecimiento delictivo, la violencia y el salvajis- mo se incrementó. De esto deriva una pregun- ta de suma importancia: ¿por los genes que se trasmitan, debemos considerar que nuestras generaciones venideras se conformarán con niños con alto nivel de susceptibilidad a ser psicópatas? La respuesta es que definitivamen- te esto no va a pasar; pero, ¿qué estamos ha- ciendo para que no suceda? La noción de que algunas personas han
nacido para ser violentos y criminales cobró forma en el siglo XIX con los estudios de Ce- sare Lombroso. A partir de 1876 –indicó Mar- celo Basaldúa- este italiano comenzó a desa- rrollar su teoría del “hombre criminal”, basado en la observación de delincuentes presos por crímenes violentos.
Estudios sobre los genes de la conducta criminal
La tesis de Lombroso tuvo gran impacto en el desarrollo de la ciencia criminológica puesto que indicaba que el delincuente evidenciaba en sus características externas un retroceso en el proceso evolutivo. En consecuencia, se- gún esta escuela, el ojo adiestrado podría de- tectar cuáles serían los individuos proclives a cometer delitos y quiénes serían consecuentes seguidores de la legalidad. Bastaba solamente con anotar las medidas y proporciones de la cabeza y otras partes del cuerpo, y comparar- las con un patrón previamente establecido. Hasta la actualidad, las creencias popula-
res sobre el delito y su génesis conservan un ingrediente “lombrosiano”. Estas opiniones se ven reforzadas en la medida en que académi- cos de cierto renombre retoman los postula- dos del italiano. Por ejemplo, el profesor de psicología de la Universidad de California del Sur, Adrian Raine, aseguró durante un ciclo de conferencias impartido hace cuatro años que “la criminalidad viene determinada en un 50% de los genes de las personas”. Raine señaló que “hay una pequeña rela-
ción estadística entre ser alto y ser violento, que se fundamenta en el hecho de acumular mayor cantidad de testosterona”. Observó que
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LOS HAMPONES SON INDIVIDUOS PROFUNDAMENTE RACIONALES Y EFICACES; NO LES HAGAMOS LA TAREA MÁS FÁCIL
el líder del grupo Al Qaeda, Osama Bin Laden, tenía 1.94 metros de altura. No obstante, des- pués, aclaró que eso no explica por completo los actos terroristas del disidente saudita. Si esto fuese cierto, habría que pregun-
tarse con mucha firmeza si es saludable para la sociedad el fomento de disciplinas como el baloncesto, y si no sería mejor eliminar de un plumazo a la NBA; nada de eso. Hasta ahora, la ciencia ha determinado que existen enfer- medades o patologías que son transmitidas de una generación a otra y que generan minus- valías cuando estos individuos interactúan en sociedad con otros que no tienen esas taras. Pero cuando se trata de precisar con rigor si la conducta criminal puede ser hereditaria, no se encuentran respuestas claras. “No puede hablarse de criminalidad pu-
ramente hereditaria”, señaló Stephan Hurwitz en 1957. Según este autor, podría encontrarse alguna incidencia parcial de la carga genética en casos criminales. Sin embargo, el gran pro- blema para llegar a una conclusión definitiva sobre este particular tiene que ver con el dise- ño de un instrumento de evaluación basado en indicadores claros.
José Luis Rojo y Arabi, presidente de Grupo Corporativo Diamante y presidente del Comité del Sector de Seguridad privada de CONOCER. Más sobre el autor:
seguridadenamerica.com.mx/colaboradores.php
Sin restar responsabilidad Los recientes avances en la decodificación del genoma humano podrían despejar la incógnita sobre la posible relación entre genética y crimi- nalidad. Pero hasta ahora no se conocen los re- sultados de algún estudio sobre este particular. Mientras tanto y para no caer en la tenta-
ción de restar responsabilidad a los delincuen- tes por sus propios actos, es preferible acoger el pensamiento del psiquiatra Stanton Same- now, en el sentido de que los hampones no son ni tarados ni discapacitados. Por el contrario, son personas que a diario escogen el camino de violar la ley para lograr sus objetivos. En ese sentido, son individuos profundamente racio- nales y eficaces; no les hagamos la tarea más fácil con nuestra compasión. n
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