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MÉXICO M


éxico se conmovió cuando se conoció la noticia de que el niño Cristopher Raymun- do Márquez Alvarado había sido asesinado como pro- ducto de un juego de “se-


cuestro”. Posteriormente se pudo establecer o considerar que no fue víctima de un juego por la saña y forma como se realizó: le quitaron los ojos, partieron el labio, rebanaron el cachete y dieron 27 puñaladas en la espalda. Este caso es alarmante y debe ser de gran


preocupación ya que no es el único en Culia- cán, Sinaloa. El 12 de junio del presente año, se publicó una noticia sobre una niña de seis años que fue violada por cuatro alumnos de sexto grado de la escuela primaria a la que asistía; los responsables fueron menores de 11 años. De acuerdo con un medio de comunica-


ción, la pequeña contó que a la salida de la es- cuela se dirigió al baño (que no estaba vigilado por el personal del plantel), ahí fue intercep- tada por los cuatro niños: dos, la retuvieron; mientras uno más realizaba la agresión y otro vigilaba la puerta. Por otra parte, no podemos dejar de con-


siderar el caso de “Ponchito” o el “Ponchis”, quien se hizo popular cuando empezó a cir- cular un video en Internet en el que él mismo se declaraba sicario y contaba algunos de sus crímenes. A sus 14 años ya se dedicaba al asesi- nato: degollaba a sus víctimas, coparticipando con su hermana de 16 años.


¿Qué se está haciendo para evitar delitos en menores?


La cantidad de casos es muy extensa, donde lo preocupante consiste en saber ¿qué es lo que se está haciendo para evitar que prolife- re este problema? Constantemente se habla de prevención, pero tal parece que este concepto es únicamente utilizado como una palabra de justificación ante una necesidad; mas no como una acción de características relevantes. La niñez y juventud son el futuro de cada


nación, por lo que el crecimiento y desarrollo de nuestros niños es vital. Se tienen que reali- zar estudios profundos para evitar que se si- gan presentando casos como los mencionados. Si bien es cierto, la difusión de los medios de comunicación informa de hechos ocurridos. Pero también genera una apología en la mente de los menores, haciéndolos creer que esa pue- de ser una excelente opción de vida. Tal parece que quienes están realizando los


mejores estudios sobre el comportamiento de los niños, son los propios delincuentes, quienes los utilizan para cometer sus actos criminales. Mientras que la sociedad permanece única- mente a la expectativa. Programas o series de televisión donde los


delincuentes son hombres poderosos, millona- rios, viviendo en lujos extremos, poseedores de la voluntad de múltiples personas entre ellas


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mujeres muy hermosas y, principalmente, “patrones” de las au- toridades en niveles jerárquicos muy altos bajo el amparo de la corrupción e impunidad, generan que los menores los quieran emular y busquen empezar desde abajo en la escala delictiva; sin que consideren que esto es irreal y que sólo es producto de una escenografía cinematográfica. Se puede decir que muchos de los grandes “capos” así empe-


zaron y alcanzaron estatus muy altos; sin embargo prácticamente todos terminaron con una desgracia encima y con el final de su reinado. Este tipo de programas deben de prohibirse o cuando menos restringirse a horarios donde no puedan ser vistos por las futuras generaciones.


LOS PROGRAMAS DE TV SOBRE CAPOS OFRECEN UNA FALSA IDEA DE LA VIDA CRIMINAL, POR LO CUAL DEBEN PROHIBIRSE


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