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IDEOLOGÍA POLÍTICA Y MARKETING POLÍTICO


cheimer. Dicha teoría afirma que los nuevos partidos han limado sus diferencias ideológicas a favor de maximizar el voto. Parte de la base de que las ideo- logías resultan exclusivistas, y por tanto, a menos trazados estén los límites ideológicos, y, por consi- guiente, más se acerque un partido al centro, acoge- rá a más gente y al hacerlo recibirá más votos. Esta corriente de pensamiento sigue vigente hoy, y es la base de muchas estrategias políticas. No lo sería si no hubiera resultado exitosa, más últimamente parece que nuevamente la polarización ideológica está asu- miendo un gran protagonismo.


Barack Obama


El mundo está lleno de ejemplos donde la política está adoptando posturas más radicales ideológicamente y menos centristas. En Estados Unidos Bush radicalizó la derecha conservadora y Obama ha adoptado políticas de claro tinte izquierdista, ganándose incluso el exagerado calificativo de comunista.


gió el conservadurismo como respuesta al liberalis- mo. En términos generales, la izquierda representa cambio, horizontalidad, y progreso, mientras que la derecha representa orden, verticalidad y tradición. El siglo XX fue testigo de una radicalización ideológica de ambos extremos, que culminó en el fascismo y el comunismo, y tras esta era en 1945, con el nacimien- to del estado del Bienestar, se consensuó un fin de las ideologías. Esta decisión podría considerarse normal tras los desastres ocasionados y la necesidad de cica- trización. Sin embargo, normal no equivale a natural, pues cortar sentimientos tan intensos de golpe es im- posible como imposible es olvidar lo que pasó ayer. Sería lógico asumir que dichos sentimientos ideoló- gicos más que muertos quedaron sumergidos, más que extintos, latentes, y más que fin, fue una tregua. En el momento en que se declaró dicho “fin de la


ideología” surgieron teorías que sostenían el nuevo modelo, como el “catch-all approach” de Otto Kir-


27 NOVIEMBRE 2011


El mundo está lleno de ejemplos donde la polí- tica está adoptando posturas más radicales ideoló- gicamente y menos centristas. En Estados Unidos Bush radicalizó la derecha conservadora y Obama ha adoptado políticas de claro tinte izquierdista, ga- nándose incluso el exagerado calificativo de comu- nista. En España, los últimos tiempos del derechista Aznar fueron de los más ideológicamente intensos, y su opositor Zapatero no tembló a la hora de aplicar agresivas políticas socialistas desde que se alzó con la presidencia, si bien es cierto que la actual situación económica ha puesto muchas de sus medidas en stand by (la circunstancia obligó). Y en Latinoaméri- ca, la ola izquierdista que ha sacudido varios puntos de la región habla por sí misma, así como la derecha que por supuesto también tiene sus representantes, como por ejemplo Calderón en México. Cuando se realizan encuestas de opinión, los encuestados en su mayoría están a la izquierda o a la derecha del espec- tro, y apenas los hay en el centro. Los políticos res- ponden a lo que el pueblo pide, y el pueblo está más cómodo con la definición que con la imprecisión: tomar una decisión resulta más fácil cuando las op- ciones están claras. Por ello los partidos adoptan de nuevo las ideologías, porque simplifican y conectan mejor con el votante que el centro, donde es difícil elegir entre opciones similares y borrosas. La primera ley del marketing es la diferenciación. En el marke- ting político ocurre lo mismo. La mejor estrategia de diferenciación de un partido radica en definir lo que representa y actuar y comunicar en consecuencia. Existe un problema. Las ideologías de las que ha- blo tienen un lado oscuro, arrastran un pasado trau- mático. Por mucho que pasen los años, la memoria no perdona y nadie quiere reabrir heridas de guerra. Es por ello que la relación de la política con la ideolo-


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