INDICADORES DE OPINIÓN PÚBLICA
de sintonía que puedan tener sus ejecutorias con las aspiraciones y necesidades de la población ante la cual responde. Es así que una gran parte del esfuerzo que debe realizar cualquier gobernante recién elec- to para cumplir con las expectativas de la población, debe destinarse a investigar esas necesidades y sub- siguientemente a planificar las acciones adecuadas y controlar su cumplimiento.
Trabajar bajo un modelo de indicadores de opinión pública le va a permitir a los administradores públicos (gobernadores, alcaldes, etc) planificar, ejecutar y modificar acciones que respondan a las necesidades del colectivo.
Uno de los conceptos en los que hemos venido
trabajando e implementando en sectores de la Admi- nistración Pública en Venezuela y ahora en Colombia, es el del manejo de indicadores de opinión pública para llevar el pulso de las matrices de opinión de nuestra población objetivo, la cual en funciones de gobierno se extiende más allá de los electores, a toda la pobla- ción que conforma el área geográfica que corresponde a la jurisdicción del nivel de gobierno que atendemos. La aplicación de esta metodología conlleva un
proceso de modernización de la gestión que implica un cambio de paradigmas en la Administración Pú- blica e incluye en esencia un alto compromiso po- lítico por parte de los gobernantes electos para su ejecución y mantenimiento en el tiempo. Trabajar bajo un modelo de indicadores de opi-
nión pública le va a permitir a los administradores públicos (gobernadores, alcaldes, etc) planificar, ejecutar y modificar acciones que respondan a las necesidades del colectivo. Se trata de gobernar para el público, de darle un trato de “cliente” al colectivo que lo eligió. Cambiar el paradigma conforme al cual son los jerarcas públicos quienes están investidos de un conocimiento infalible que les permite cono- cer las necesidades de la gente, y comenzar a tomar en cuenta la opinión de quienes son los afectados directos. Someter al juicio de la ciudadanía las polí- ticas, programas, acciones, etc., que se ejecuten en
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la gestión, a fin de conocer si realmente se cubren las expectativas generadas en la población y de no ser así, indagar sobre los correctivos que se puedan tomar en un tiempo oportuno. Este proceso implica necesariamente la evalua-
ción permanente a través de investigaciones cua- litativas y cuantitativas del pulso de la opinión pú- blica en función de aquellas competencias que por Ley le atañe al nivel de gobierno en donde se esté implementando el sistema. Por supuesto que la eva- luación obtenida de esta forma contiene elementos altamente subjetivos y se referirá en todo caso, no a los resultados concretos de las acciones efectuadas, sino a cómo son percibidos estos resultados por el público, en lo cual juega también un rol muy impor- tante la eficiencia con la que se “vende” ante ese mis- mo público la gestión realizada. Es en este proceso donde jugará un papel funda-
mental la aplicación de técnicas de mercadeo público y político con las cuales se prepare a los funcionarios y representantes populares para desempeñar una ges- tión orientada al servicio y al ejercicio de un liderazgo comprometido con las necesidades de la población. De allí que, para que exista una eficiente inter-
pretación de los resultados de las investigaciones efectuadas como parte del proceso de evaluación de la gestión, sea necesario la construcción del mo- delo de indicadores de opinión pública, que permita apreciar las variaciones que se suceden en el período de tiempo evaluado, la formulación de modificacio- nes a los planes y programas, si es necesario, y los acentos indispensables en el mercadeo de la gestión ante la colectividad. Se está comenzando a utilizar mucho, en los
términos de la mercadotecnia política, lo que se ha denominado la Campaña Permanente, que en apa- riencia, no dista mucho de lo que en líneas generales planteamos desde nuestro modelo. Lo que marca la diferencia con nuestro modelo es que nosotros planteamos procesos de medición y seguimiento de nuestro público meta a objeto de estructurar po- líticas que realmente respondan a las necesidades y expectativas de la gente y que luego basados en este conocimiento, se puedan articular campañas mediáticas que refuercen los logros obtenidos en la opinión de la colectividad. Esto, en resumen significa que el esquema plan- teado no se limita a utilizar a los medios para tratar
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