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EDITORIAL Los mexicanos tenemos derecho a vivir sin miedo


El problema es que recuperar los índices de seguridad de hace unos 5 años atrás no será tarea fácil, pero sí lo será hacer promesas (de campaña) que muy probablemente no sean cumplidas.


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eneralmente aprovecho este espacio para hablar de las tendencias más relevantes que se suscitan en las campañas políticas de Iberoamérica, pero en esta ocasión me disculpo de antemano con todos los lectores


porque quiero abordar un enfoque específico para fenómeno que está volcando la política en México. Estoy hablando de la violencia y control que ejerce el crimen organizado sobre las instituciones políticas mexicanas. No voy a discutir si la estrategia del Presidente Felipe


Calderón en la lucha contra este cáncer es la adecuada o no, sino simplemente hacer conciencia del impacto que ha tenido en los procesos electorales recientes en el país. Es lamentable que en los últimos meses (tal vez años) las noticias de asesinatos despiadados irónicamente ya no sean noticia. Me parece inverosímil que los ciudadanos mexicanos vivan


en un miedo constante que ahora parece formar parte de la cotidianidad. En efecto, este fenómeno ha afectado gravemente las prioridades en la agenda de campaña y gobierno al punto de que en las próximas elecciones veremos candidatos convenciendo electores convenciendo votantes a través de la oferta que de antemano debe estar garantizada por el Estado Mexicano: el derecho a la vida y a la seguridad de la persona. Sin embargo, lo que más me conmueve, es que no sólo son los ciudadanos víctimas de este mal sino los mismos candidatos y funcionarios públicos (electos y designados). Que ofensa tan grave a la democracia es ver los asesinatos impunes de periodistas, candidatos y gobernantes sin que haya una forma efectiva de detenerlos y castigarlos. No soy un especialista en seguridad para ofrecer una solución real a este problema, pero soy un ciudadano como muchos que quieren alzar la voz y decir “ya basta!”.


Israel Navarro puede ser contactado a través de: Email: inavarro@campaignsandelections.com Twitter: @navarroisrael


Hace tiempo, había hecho mención que las tres emociones


que despiertan el interés de un elector en un candidato son la ira, la esperanza y el miedo. Ahora que se empiezan a calentar los ánimos hacia el interior de cada partido en México para designar a sus candidatos presidenciales, es inminente que los sentimientos que serán evocados por cualquiera de ellos serán la esperanza (de una mejor economía, empleo y demás servicios públicos), como el miedo (a que los oponentes en turno sean más débiles que la propuesta que ofrece cada candidato en el combate al crimen organizado). El problema es que recuperar los índices de seguridad de


hace unos 5 años atrás no será tarea fácil, pero sí lo será hacer promesas (de campaña) que muy probablemente no sean cumplidas. Por ello, quiero hacer un llamado de conciencia los gobernantes en turno, candidatos y aspirantes a puestos de elección popular y ciudadanos a que ejerzamos nuestros derechos ciudadanos y dejemos ese miedo de lado para tomar decisiones más racionales. Estoy seguro que unos pocos maleantes que buscan infundir temor no pueden contra una sociedad organizada y consiente. Este cambio de rumbo comienza con el esfuerzo de cada uno de los que nos hacemos llamar mexicanos y de la responsabilidad cívica que debemos asumir como ciudadanos.


Cordialmente,


ISRAEL NAVARRO Editor para Latinoamérica Revista Campaigns & Elections


5 OCTUBRE 2011


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