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CINCELADORES DE PALABRAS


“es un error considerar que hacer historia consiste en recopilar hechos del pasado. En cambio, hacer historia es una combinación de descubrir hechos y producir narraciones que dan sentido a esos hechos. Consiste en producir coherencia además de correspondencia”.


ban por esas palabras. Y jugó con la baza con la que solo puede justificarse una muerte: las emociones, la sensibilidad de cada ciudadano de América, ahondar en la herida marcada a fuego ese fatídico 11 de septiembre contando lo que ocurrió de una manera diferente y tan sólo como él sabe hacerlo. Y en pleno siglo XXI, confeccionamos lo que ya dijo Aristóte-


les en el s. IV a. C. en su Retórica: “Las especies de la retórica son tres en número, pues otras tantas resultan ser las de los oyentes de los discursos. Y es que en el discurso se implican tres factores: quien habla, de qué habla y para quién, y es ese mismo, es decir, el oyente, quien determina su objetivo”. Alfredo Pérez Rubalcaba, en su discurso el 9 de julio en el acto


de proclamación como candidato del PSOE, no empezó contando una historia, sino aludiendo al vídeo que habían visto como arran- que. Empezó por el principio pero enlazando con un elemento anterior, con un recurso, en este caso, visual. ¿Y a quién se dirigía? La respuesta es clara: a ellos, a la izquierda, a sus militantes y sim- patizantes para movilizar a lo que se ha perdido tras el 22M. ¿Aten- dió a la emoción? Sí, y no tardó mucho en hacerlo: (2º párrafo del discurso) “Muchísimas gracias. Muchas gracias de corazón. Segu- ramente es fácil que os imaginéis que, cuando he subido a esta tribuna, he pensado en el primer día que llegué a este partido y he pensado que lo último que podía imaginarme entonces, es que un día sería elegido por vosotros candidato a la Presidencia del Gobierno. No se me pasó por la cabeza. Por tanto os lo tengo que agradecer de corazón. Gracias por vuestra confianza, gracias”.


“Cinceladores de palabras” Sócrates, en Fedro, llamaba a los que recurrían al género demos- trativo “cinceladores de palabras”. Como muestra Cicerón en El orador, “es de aquel género del que se nutre la abundancia de palabras, y su construcción y ritmo gozan de una cierta mayor libertad. Se permite también la combinación simétrica de las fra- ses; se acepta la agrupación ingeniosa de palabras en períodos fijos y delimitados; se busca por voluntad, no con emboscadas, sino abierta y claramente, que unas palabras respondan a otras como si estuvieran medidas y en paralelo, que los términos de sentido opuesto estén frecuentemente en relación y que los contrarios se acoplen, y que los finales terminen de igual forma y produzcan candenciosamente el mismo sonido”.


21 OCTUBRE 2011 Así es, cinceladores de palabras. Sin embargo, no sólo es el


orador demostrativo un cincelador de palabras, lo es también quien lo escribe para el actor aunque el actor sea uno mismo, lo es aquel que dibuja entre líneas, ritmos, abundancias, bordados y puntos seguidos el objetivo a conseguir de la mejor manera posible pensando siempre en “su majestad el receptor” y en lo que quiere de él.


Hechos, realismo y coherencia El cincelador de palabras dibujará, pero dibujará las palabras adecuadas pensando que “la percepción que las personas tie- nen del mundo está determinada por el lenguaje que utilizan”. Esta es una afirmación del profesor de Análisis del Discurso, Jo- nathan Potter, en La representación de la realidad, discurso, re- tórica y construcción social. Porque es de eso mismo de lo que se trata, de construir la realidad a partir de palabras entendiendo que la realidad es aquello que queremos contar, es ese conjunto de hechos que vamos uniendo en coherencia en pos de un sen- tido que intentamos transmitir. De ahí que las palabras elegidas han de ser siempre las oportunas. Así lo explica también Potter: “siempre que se expresan palabras se construyen hechos. Eso tiene cierto valor, ya que cuando se utiliza un lenguaje descripti- vo se producen versiones del mundo”. Ahora bien, el filósofo e historiador americano, Hyden White,


argumenta que “es un error considerar que hacer historia con- siste en recopilar hechos del pasado. En cambio, hacer historia es una combinación de descubrir hechos y producir narraciones que dan sentido a esos hechos. Consiste en producir coherencia además de correspondencia”. Por tanto, prudencia a la hora de hacer historia con tan sólo la recopilación de hechos del pasado.


Entre el cosificador y el ironizador Potter hace una distinción de los discursos que merece la pena mencionar: cosificador e ironizador. El cosificador “produce algo como si fuera un objeto, sea éste un suceso, un pensamiento o un conjunto de circunstancias”. El discurso ironizador es el que “se dedica a socavar versiones”. Cuando Potter habla de discurso iro- nizador se me viene a la cabeza de nuevo a Alfredo Pérez Rubalca- ba, cuando era ministro del Interior y vicepresidente del Gobierno, y a Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz del Grupo Popular en el


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