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(infertilidad, pérdidas embrionarias tem- pranas, abortos, etc.).


Diagnóstico del BVD en problemas reproductivos


Hay multitud de técnicas diagnósticas laboratoriales para determinar tanto el virus mismo (antígeno), como la reacción inmunitaria desarrollada en los animales que han sufrido la infección o que han sido vacunados (anticuerpos) (Lanyon et al., 2013). Pero el diagnóstico basado en la sospe-


cha clínica cuando estamos ante un caso de BVD es más complicado debido a la diversidad de síntomas y, sobre todo, a la variedad de intensidad de los mismos, como ya hemos comentado previamente, y por lo encontrado entre las evidencias científicas. Siempre que estemos ante brotes de abortos y/o terneros malfor- mados debemos sospechar de ella. Igual- mente, cuando hay un excesivo aumento de los nacidos muertos o muerte neonatal (primeras 24 horas) o elevada mortalidad neonatal en general (Gates et al., 2013). En el caso de una eficiencia reproduc-


tiva deficiente (sin abortos/stillbirths, ni mortalidad neonatal) es mucho más com- plicado concluir que es debido al BVD. Si bien está demostrado que el virus es capaz de ello, y que hay evidencias cien- tíficas que lo ponen de manifiesto, hay casos de rebaños con PI detectados sin afección obvia en la reproducción. Como hemos comentado, depende mucho del tipo de virus, de la cepa y su virulencia, de la prevalencia intrarrebaño, de la bio- contención y bioseguridad intrarrebaño y del estado inmunitario de la explotación. En cualquier caso, siempre debe ser una enfermedad que se debe incluir en los diagnósticos diferenciales que provocan escasa eficiencia reproductiva.


Los animales PI pueden presentar signos clínicos como diarrea intermitente, neumonía, elevada incidencia de infecciones varias y retraso en el crecimiento.


Si se pretende aclarar si una serie de


problemas reproductivos ocurridos en la granja se deben a una infección por BVD aguda, también denominada transitoria, tenemos que ser capaces de detectar seroconversión en los animales (determi- nación seriada de anticuerpos en sangre, donde puede apreciarse ausencia de éstos en la primera muestra, presencia en la segunda, o bien que sean más escasos en la primera y mucho más abundantes en la segunda muestra). Otra opción es que seamos capaces de detectar los animales virémicos (determinamos el virus en san- gre de animales afectados). Las técnicas de RT-PCR nos permiten


detectar el virus en sangre de los anima- les virémicos, ya que son técnicas muy sensibles. Sin embargo, para asegurarse de que se trata de una infección transito- ria (y no un PI) se debería repetir dicho análisis al menos 19 días después, y esta segunda muestra sería ya negativa al antígeno si efectivamente era una infec- ción transitoria o aguda (Meyling et al., 1990). Por otro lado, un animal que sufre


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infección aguda de BVD se hace seropo- sitivo (es decir, presentará anticuerpos en sangre) aproximadamente 2-3 sema- nas tras la infección. De esta manera, si se determinan anticuerpos tres semanas tras tomar la muestra positiva a antígeno, también se demostraría que se trata de una infección aguda de BVD. En el caso de abortos, con o sin mal-


formaciones, la detección del virus en tejidos fetales es evidencia de infección fetal, así como la presencia del virus en fluidos fetales (Njaa et al., 2000). La seroconversión de la madre abortada en un espacio de 4-6 semanas también


indica infección. Sin embargo, las vacas que abortan un ternero PI pueden sufrir una bajada de anticuerpos e interpre- tarse como que no hay seroconversión (Brownlie et al., 1984), y por tanto llegar a conclusiones erróneas. En general, la interpretación exclusiva


de los anticuerpos de un rebaño, incluso en muestras pareadas, suele ser difícil. Además, hay que tener en cuenta el his- torial de vacunaciones (que también dan lugar a anticuerpos, lo que complica la interpretación). Sin embargo, el hallazgo del virus siempre es indicativo de infec- ción activa de BVD.•


La bibliografía la colgaremos en la web


La existencia de algunos PI normales, que incluso llegan a reproducirse, demuestra la inocuidad de algunas de estas infecciones persistentes.


Nate Allred/shutterstock.com


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