y lo retienen lo más que pueden. La producción con éxito del frijol de soya que se inició en la década de los 90’s sólo ha sido posible gracias al uso de variedades mejoradas de soya y a las grandes cantidades de cal (para elevar el pH del suelo) y de fósforo (para mejorar la deficiencia de los suelos nativos). Estas grandes cantidades de insumos significan que los suelos en Mato Grosso están ganando alrededor de 31 Kg de fósforo por hectárea por año, de acuerdo con las mediciones realizadas por los investigadores. La buena noticia en Brasil es que los suelos más profundos retienen tanto el fósforo que casi no llega nada del fertilizante a los cauces cercanos. En Iowa ocurre exactamente lo contrario, ya que los suelos Mollisol y Alfisol relativamente fértiles liberan el fósforo con mucha más facilidad. El cultivo del frijol de soya en Iowa se remonta a la década de los 20’s y en muchos lugares se aplicaba exceso de fósforo para aumentar y garantizar rendimientos altos; lo cual diseminó la contaminación de fósforo. Desde 1995 los productores de
Iowa han utilizado mucho menos fósforo, añadiendo tan sólo l3 kg por hectárea por año; sin embargo los
lagos y ríos de la región continúan contaminándose porque los suelos siguen liberando el fósforo aplicado hace muchos años. La mitad de los cauces de agua de Iowa que han sido evaluados conforme al Decreto de Agua Limpia, aparecen en la lista de cauces contaminados.
Lo bueno se encuentra en Buenos Aires
Si se puede tener lo mejor de ambos mundos, de acuerdo con Riskin y Porder, se encuentra en la provincia de Buenos Aires, Argentina, cuyos suelos son similares a los de Iowa. En esa región, los productores que iniciaron con el cultivo de soya mucho antes que sus contrapartes, han logrado alcanzar rendimientos similares sin aplicar exceso de fósforo. Hasta el año 2000, los investigadores encontraron que el frijol de soya estaba extrayendo más cantidad de fósforo del suelo que la que ellos añadían, produciendo déficits netos de fósforo sin generar demasiada contaminación. En años recientes, los argentinos han estado agregando más cantidad de este fertilizante, logrando alcanzar el punto de equilibrio en el contenido de fósforo en el suelo. “De alguna forma existe un nivel
de fósforo ideal,” comentó Porder. “Los argentinos tienen suelos muy fértiles y empezaron a fertilizar tiempo después de haber iniciado con la producción. Básicamente extrajeron los nutrientes del suelo durante cierto tiempo y ahora los aplican para encontrar un equilibrio.” Para el 2050, dijo Porder, los productores de todo el mundo necesitarán incrementar su producción en un 70 por ciento. Con el suministro limitado de fósforo y agua limpia, los productores deben empezar a equilibrar las condiciones añadiendo suficiente fósforo para maximizar los rendimientos, sin excederse con las aplicaciones, para evitar pérdidas no intencionales.
Las lecciones de Brasil y Iowa, agregó Porder, ayudarán a que los productores de nuevas regiones con potencial de alta productividad, eviten contaminar los cuerpos de agua y no agoten el suministro de fósforo a nivel mundial.
“Debido a los mayores niveles de demanda global de una población en crecimiento que busca satisfacer su apetito con productos como la carne, tendremos que aumentar la productividad de las tierras de labor con las que contamos, en las siguientes décadas”, dijo Riskin. “Lograr este objetivo con el menor daño posible, es decir, al menor costo ambiental, será uno de los grandes retos ambientales del siglo 21. El fósforo en la producción de soya es sólo un ejemplo, pero ejemplifica un concepto más amplio: Debemos producir grandes cantidades de alimentos, sin descuidar los costos ambientales locales y globales. Esto significa que el manejo deberá ser distinto en diferentes lugares”.
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Los coautores del artículo son Christopher Neill del Laboratorio de Biología Marina; Meagan Schipanski de la Universidad Estatal de Pensilvania y Elena Bennett de la Universidad McGill. El proyecto fue financiado por “National Science Foundation” (Fondo: DEB- 0640661) y “Andrew Mellon Foundation” en colaboración con el “Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazonia”. Editores: La Universidad Brown tiene un estudio de televisión con enlace de fibra para realizar entrevistas nacionales e internacionales en vivo; además de una línea ISDN para entrevistas de radio. Para más información, comuníquense al teléfono: (401) 863-2476.
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PRODUCTORESdeHORTALIZAS • AGOSTO 2015
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