LA LECTURA
RUINAS: ZONA EN CONSTRUCCIÓN
EÑA OSSA-ESLAIT* | @EnaOssaEslait
en primera fase, en Argentina se desató el “qui- lombo” de las Malvinas, en Chile moría un ex- presidente envenenado con mostaza sulfúrica, Israel invadía Beirut y Michael Jackson sacaba una de sus más grandes obras, Thriller, dándole vida a la cultura de MTV. Mientras tanto, aquí en Colombia devolvíamos la sede del mundial del ’86 por falta de recursos, Gabo servía como jurado del Festival de Cine de Cannes junto a Geraldine Chaplin (hija de Char- les y nieta de Eugene O’Neill) y ade- más ganaba el Premio Nobel de la Literatura y Belisario Betancur asu- mía la presidencia prometiendo erradicar la violencia y, obviamente, desatando uno de los mandatos más violentos de nuestra historia.
N
De estos sucesos y de los pertinentes a los años 80 hablo en teoría porque en práctica mi memoria comenzó a recolec- tar datos ya en los 90. Por ende, no me gusta el Art Deco, ni apoyo el uso de los co- lores neón en el espacio público, ninguna de mis canciones preferidas contiene un “keytar” y jamás podré entender la fascinación con Ma- radona. Y, al igual que aquellos nacidos durante o alrededor del 82, recuerdo el año de 1990 como la primera vez que celebré la tradición más esperada del mundo del fútbol: llenar el álbum del mundial de Panini. Por eso, mis coterráneos, compañeros de generación nos encontramos hoy ante una encruci- jada histórica para la definición del fútbol nacional Colombiano.
Verán, yo estuve en el Metropolitano el día que el Pa- lomo Usurriaga encajó el gol que nos dio el pase al mundial de Italia. Y recuerdo, quince días después, las notas del himno nacional que sonaban detrás de la voz entrecortada de William Vinasco Che mientras
ací en el 82, año memorable y no sólo por eso. Italia consiguió su tercera copa del mundo, esta vez sin ganar ningún partido
Ilustración: Shutterstock.com
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