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DOSSIER

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En las tribunas de los estadios existe una nueva representación de sociedad para la cual el venezolano no estaba realmente acostumbrado

dera o un patrimonio el cual se debe defender a sangre y eso no tiene nada que ver con el espíritu del deporte.

Si bien es cierto que en el fútbol la violencia es un ejemplo relativamente reciente en Venezuela, tam- bién es verdad que este hecho se repite continua- mente en las diversas disciplinas y escenarios donde se practique algún tipo de deporte en nuestro país, así que realmente no es algo inherente al fútbol pero tampoco es natural a nosotros como venezolanos.

Vamos a ahondar un poco más en esa estructura interna de la barra; en esos grupos los procesos mentales de sus integrantes cambian: los fanáticos se convierten en un grupo de hermanos tempora- les que, en conjunto con su equipo, se disponen a luchar en una guerra moderna donde ese que gana, los últimos que permanecen de pie, son aquellos que durante los 90 minutos alentaron más, gritaron más, sufrieron y celebraron por las acciones que se desarrollan a unos metros de ellos.

En las tribunas de los estadios existe una nueva re- presentación de sociedad para la cual el venezolano no estaba realmente acostumbrado. La metáfora que representan a la gente en la grada como el do- ceavo jugador es la mejor explicación de lo que re- almente sucede: cada persona, con la camisa del color que representa, deja su identidad personal al entrar en el estadio y se une a esa pequeña etnia, donde la pasión por su equipo se convierte en una

nueva droga que, de no es bien encausada, termina en los desastres conocidos por todos.

Las reuniones entre los directivos de los equipos, re- presentantes de las barras, la policía y el gobierno nacional son un buen comienzo; sin embargo, es la crónica de una muerte anunciada si de esos encuen- tros no surgen estrategias que entiendan la dinámica social dentro del estadio, por lo que el castigo y la reprimenda solo servirá como atenuación de un con- flicto que lamentablemente se ha puesto de moda en el fútbol nacional.

No es cuestión de buscar un culpable, la necesidad real es buscar una solución: debemos aprender de quienes ya superaron ese modelo de involución, por- que lo único que trae la violencia a los estadios es alejar a las familias de un ambiente de esparcimiento que, como sociedad, realmente necesitamos. Ade- más, se perjudica el espectáculo, se ponen en riesgo vidas y se distorsiona el espíritu de fiesta y celebra- ción que deben tener todos los juegos de fútbol.

Cualquier medida a tomar por las autoridades debe evitar en lo posible la represión, pero la solu- ción, como en casi todos los problemas que afron- tamos como sociedad, depende de todos. En mi caso, lo único que puedo hacer -por ahora- es lan- zar desde este espacio mi deseo de una nueva forma de Fair Play, esta vez desde la grada.

*Sociólogo http://hablamospaja.blogspot.com/

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