DOSSIER
que el ejército profesional procuraba sortear, para no ser blanco inmediato de acusaciones.
Nuestro autor sostenía que esa historia no había ter- minado. Entrevió uno de los fines posibles, que des- cribía así: "La victoria de las tribus de hooligans y la aparición de una nueva tribalidad vándalo-guerrera".
El periodismo deportivo, en su mayoría, denunciaba que ese camino "llevaba al infierno" de un nacional- chauvinismo extremo, veneno puro para una socie- dad multinacional y en acecho para cualquier sociedad nacional, especialmente de inmigración.
Una decisión de la UEFA, tomada en 1991, que prohibía que los partidos del campeonato europeo se jugasen en estadios yugoslavos, fue interpretada como "parte de la hipocresía generalizada contra Yu- goslavia", y especialmente contra Serbia. Se trataba de una "empresa de demolición del fútbol yugoslavo encabezada por la progermánica Unión Europea del fútbol" y los caprichos de los "serbófobos" y de los " footphobes ". Los medios de comunicación oficiales veían una conspiración que alentaba el ostracismo serbio de parte de la comunidad internacional. Un dirigente de Estrella Roja daba por comprobada una guerra de "dos milenios" porque Occidente, desde el primer siglo de nuestra era, "llevó el espíritu olím- pico al nivel más bajo, aquél del circo, los gladiadores y la sangre..."
Iván recogía, domingo a domingo, los himnos de las hinchadas, los cantos "hooliganianos" e italianos, donde se "daba la vida" por Estrella Roja (o el Parti- san, su rival principal, según la barra que cantase) in- cluyendo elementos del repertorio lingüístico de la violencia, de la obscenidad, de la pornografía, de los juramentos.
Los grupos de las barras siguen la huella de sus ho- mólogos ingleses e italianos, y se atribuyen nombres que evocan el "registro" de la tribu: los Vándalos, los Maniáticos, las Hordas del Mal. Una de las barras de Estrella Roja se reconoce como BAH (Belgrade s Al- cohols Hooligans), y el tema referente a sus senti- mientos profundos está un su himno liminar: "El alcohol, el alcohol, es verdaderamente genial / si no se lo quiere, no se es normal..."
Las barras se atribuyen el rol de rebeldes y guerreros. Otro grupo de Estrella Roja toma el nombre de Zulú Warriors, listos para la guerra contra extranjeros, ve- cinos, "otras naciones" y, antes de todo eso, contra las hinchadas de los clubes rivales de la ciudad. Una forma de fanatismo, de liberación, de huida de las
"El alcohol, el alcohol, es verdaderamente genial si no se lo quiere, no se es normal..."
–Himno de Belgrade’s Alcohols Hooligans
obligaciones y las reglas, pero también de adhesión al líder; a Serbia y a Milosévic: "Partisan, Partisan, équipe serbe patentée / de Slobodan Milosévic elle est fierté...". A lo que responderán sus rivales de Es- trella Roja: "Partisan, Partisan, équipe musulmane...", pero identificándose con Slobodan, futuro proce- sado como criminal de guerra. Si en los tiempos de (relativa) paz aquel periodismo proclamaba la nece- sidad de pacificación de las barras, en tiempos de guerra se inclinaría en favor de su comportamiento militarizado. ¿Cómo era posible ese cambio de ba- rras incontrolables a combatientes disciplinados ba- tiéndose por la causa del estado y de su pueblo, esa metamorfosis profunda?
Algunos análisis que Iván cuestionaba que el mundo del orden militar se había impuesto al liber- tinaje. Iván apelaba a la etnología y a la sociología recientes para sostener que el mundo aparente- mente desenfrenado y caótico de barras e hincha- das extremistas estaba, en la realidad profunda, regido por un "orden".
Sus comportamientos obedecían, de hecho, a có- digos y protocolos tácitos que se remitían a una dis- ciplina y a una jerarquía. El grupo violento era animado por el espíritu de organización y de sumi- sión que se manifestaba en la guerra, sin renunciar a la identidad de la "barra" en tiempos de paz.
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