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DOSSIER

fascistas, nazis o comunistas, no constituye una prueba de adhesión a esas ideologías. Lo mismo su- cede con los símbolos, que cumplen un papel de provocación. Sin embargo, el hecho que se desco- nozca el origen o significado de estas melodías o simbologías, ya sea por ignorancia o inocencia, no excusa en lo absoluto a quienes las espeten o des- plieguen. Ninguna muestra de odio, violencia o in- tolerancia puede tener justificación alguna.

En el contexto futbolístico la violencia se desarrolla tanto dentro como fuera de los estadios. Dentro de ellos, involucra a jugadores, árbitros y cuerpo téc- nico. En lo externo, los tristemente célebres prota- gonistas son los hinchas. ¿Pero por qué se produce esto y a qué se debe su resurgir? La vio- lencia y la intolerancia entre seres humanos datan desde los inicios de la civilización, y el deporte, en particular el fútbol, no escapan a esta realidad. Aún cuando se escucha hasta la saciedad que los eventos deportivos hermanan a las naciones y al hombre, esto no deja de ser un motivo para que desadaptados generen odio y rencor hacia sus contrincantes. Es muy común ver en las gradas barras bravas, donde despliegan sus pancartas, eslógans, cánticos. La mayoría de estas barras son violentas. Otras se autodenominan de corte re- belde o anarquista, unas de tendencia o ideología fascista, comunista, etc. Para formar parte de una barra brava, se tiene que cumplir una serie de re- quisitos y esos no son otros más que ser violento, intransigente y tener una actitud de desobediencia tanto para con las autoridades como para con los lineamientos que rigen los estatutos de un club o selección y las leyes locales de cada ciudad o país.

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Citando al sociólogo alemán Norbert Elías sobre este fenómeno, dijo en algún momento: “Parece algo ob- jetivo, algo impuesto por la naturaleza o los dioses a los advenedizos. Así, el grupo estigmatizador queda libre de toda culpa; no somos nosotros –se deduce de esta afirmación– quienes los hemos cargado con este estigma, sino los poderes del mundo; este signo los designa como de una clase inferior o maleantes”

Es muy común ver en las gradas barras bravas, que despliegan sus pancartas, eslógans, cánticos. La mayoría de estas barras son violentas

Es mucho más común ver violencia antes, durante y después de un partido de fútbol a nivel local, regional o internacional, donde estén involucrados clubes de ligas de un mismo país o de diferentes asociaciones o confederaciones, que a nivel de selecciones na- cionales. Se supone o se pretende entender que mientras en una selección están los mejores que re- presentan a un país como un todo, a nivel de clubes, las diferencias se hacen más notorias ya sea por la rivalidad entre ciudades, lugar de origen de los juga- dores, su credo, color de piel, etc. Cuando la vio-

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