Taiwan, Polonia y Francia entre ellos. Y en muchos otros, la regulación del sector está próxima. Es el caso de España y los países del entorno mediterráneo, los profesionales de los asuntos públicos estamos abogando por una mayor transpa- rencia y un registro similar al de las instituciones europeas. El escenario ideal sería la obtención de acreditaciones para el acceso a las cámaras legislativas, igual que se hace con los periodistas parlamentarios desde hace años.
La profesionalización del lobbying Hablábamos al comienzo de este artículo del auge del
lobbying en los sistemas democráticos actuales. Pues bien, basta echar un vistazo a algunas de las cifras de las que se dispone para confirmar esta realidad. De acuerdo con las estadísticas de
OpenSecrets.org, el gasto total en activida- des de lobbying en Estados Unidos ha pasado de los 1.440 millones del año 1998 a los 3.490 millones en el año 2009. Podría pensarse que esta última cifra resulta poco orientativa por referirse al período de negociación y aprobación de la reforma sanitaria, pero si se observa la evolución del gasto en los últimos diez años, se aprecia que ésta ha sido siempre creciente. El número de lobistas también ha aumentado: de 10.403 en 1998 a 13.754 el año pasado (siempre de acuerdo con los métodos y criterios de cálculo de esta página web).
En Europa la situación no es muy distinta. Se calcula que
hay más de 3.000 grupos de interés con una presencia ac- tiva en Bruselas, a los que habría que añadir las cerca de 300 compañías con departamentos de asuntos públicos y las consultoras y gabinetes de abogados que prestan este tipo de servicios. En total, el lobbying da empleo a unos 12.000 profesionales.
Pero estas cifras por sí solas no significan nada. Lo ver- daderamente destacable es el nuevo estatus que está adqui- riendo el lobbying, en pleno proceso de profesionalización. En Estados Unidos, por su larga tradición, el debate acerca de la legalidad y legitimidad de los lobbies hace tiempo que se cerró, pero este debate ha permanecido abierto en Eu- ropa hasta hace bien poco. La Iniciativa Europea a favor de la Transparencia le puso fin reconociendo la actividad de los grupos de interés como “una actividad legítima en un sistema democrático, independientemente de si la realizan ciudadanos o empresas, organizaciones de la sociedad civil y otros grupos de interés o empresas que trabajan para terce- ros”. Por lo tanto la cuestión ya no es si se debe o no lega- lizar el lobbying. La cuestión es cómo normalizar una acti- vidad legal y legítima. No hay marcha atrás en esta cuestión. Desde MAS Consulting España consideramos esencial la
labor formativa para la normalización y profesionalización del sector, especialmente para aquellos países con menos in- fluencia de la cultura anglosajona. Resulta paradójico que en todas las escuelas de negocios y universidades americanas
haya un apartado para asignaturas como Government Affairs y en países como España apenas si se incluye en los tema- rios bajo el nombre de Relaciones Institucionales, un modo reduccionista de tratar esta actividad. Por ello, nos hemos animado a poner en marcha de cara al año 2011 el primer postgrado de lobbying en España.
El lobbying del siglo XXI, al servicio de los ciudadanos
El principal problema al que se enfrenta el lobbying hoy
en día consiste en el desajuste entre identidad e imagen, tan frecuente en los procesos comunicativos y tan difícil de resolver. Por un lado, tenemos a los profesionales del sec- tor, que en su amplia mayoría desean desarrollar su acti- vidad, una actividad legítima y, subrayémoslo, necesaria, de forma transparente (suelen ser ellos mismos los que piden una mayor regulación) y rigurosa. En el extremo opuesto tenemos la imagen que el público tiene de esa profesión, que no se acerca en lo más mínimo a la imagen que los primeros desean proyectar, en buena parte debido a la ópti- ca distorsionadora de los medios de comunicación. Bastaría con que éstos poseyeran un mayor nivel de conocimiento de la actividad para que este tratamiento negativo cambiase. Si supieran e informasen de las actividades de lobbying para el fomento de las energías renovables o las de las ONGs para tener un mejor tratamiento fiscal, esa demonización desaparecería.
las batallas se libran, más que nunca, en la opinión pública, en las mentes de los ciudadanos, con lo que será necesario potenciar el aspecto comunicativo del lobbying
Sin duda, los avances en la regulación y normalización
del lobbying contribuirán a mejorar su imagen entre los ciudadanos. Pero la otra mitad del trabajo le corresponde al propio sector, no sólo a través de la autorregulación, sino haciendo lobbying del lobbying. En MAS Consulting Espa- ña estamos convencidos de que la mejor forma de conseguir que el lobby adquiera legitimidad entre la opinión pública es haciendo que los ciudadanos comprueben que ésta no es una herramienta al servicio de “poderosas y oscuras” corpo- raciones, sino que es un recurso al que ellos mismos pueden recurrir, contribuyendo al desarrollo de una democracia más
Julio 2010 | Campaigns&Elections 35
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