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gocios rentables alejados de la realidad. En realidad, después de los resultados electorales pareciera que las empresas encuestadoras se dedi- caron a maquillar las cifras obtenidas en las prime- ras encuestas, en relación al efecto mediático que tuvieron los candidatos. La relación entre la apro- bación del presidente Uribe y el endoso de votos derivado de esa aprobación a su candidato Santos parece tener una relación moderada y aceptable, y a la luz del resultado, es evidente que las muestras levantadas no fueron realizadas adecuadamente. Las tendencias de votantes no funcionan como pelo- tas de boligoma, donde se tira la pelota desde 30 metros de altura y rebota 20 metros hacia arriba, y mucho menos probable es que el rebote sea por encima de la altura lanzada. Aterrizando lo ante- rior, ¿cómo es posible que la popularidad de Santos en los últimos dos meses haya ido del 35% de la intención de voto, bajado al segundo lugar alrede- dor 27 % a dos semanas de la elección y finalizado con 46%?


Las casas e instituciones encuestadoras deben en- tender que son un negocio de interés público, jue- gan un papel importante en la democracia y son el único instrumento de seguimiento que pueden dar certidumbre, legitimidad y validez a un pro- ceso electoral. Casualmente, dos semanas antes de la elección de Colombia, en una elección por la alcaldía de Mérida capital de Yucatán en México, la candidata de la alianza PRI-PVEM venció a la del PAN, cuando la candidata de este último gozaba de una supuesta ventaja de alrededor de 20 puntos porcentuales, el día de la elección la candidata del PRI-PVEM gano por 4 puntos aproximadamente, exhibiendo nuevamente la falta de fiabilidad y de las encuestas.


En el caso colombiano es evidente que las encues- tas tuvieron errores, lo raro es que todas se equi- vocaron de manera semejante, quizá ante la dis- paridad de resultados optaron por maquillar sus números dudando del trabajo propio; o tal vez no las aplicaron adecuadamente en todo el territorio y se enfocaron en las grandes ciudades únicamen-


El desarrollo de una sociedad civil activa y fuerte es citado constantemente como una condición esencial en el desarrollo de una democracia efectiva


te; al final es un misterio. Lo grave de esto, es que los números condujeron al error a los medios de comunicación, además de confundir y viciar la de- cisión del electorado. No cabe duda que existieron errores, a pocos días de la segunda vuelta electoral las casas encuestadoras otorgan una ventaja supe- rior a los 30 puntos. Nuevamente y con una meto- dología más sencilla, las casas encuestadoras tendrán oportunidad de legitimarse, de no ser así, estará en el poder de los medios desconocerlas, toda vez que lo único que se les pide es información confiable y fidedigna.


Joaquin Borrell es colaborador editorial de Campaigns & Elections en español.


Julio 2010 | Campaigns&Elections 21


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