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que vote de determinada manera, sería políticamente más costoso para ese congresista votar de modo contrario, ya que enojaría a 5.000 de sus posibles votantes. Por otro lado, es mucho más fácil motivar a 5.000 per-


sonas a que levanten el teléfono en el living de su casa, en pijamas, con una tasa de café en su mano y le cuenten al asesor de un congresista que piensan de determinada manera, que hacerlos físicamente movilizarse a una plaza con otros miles de personas, con calor o frío, para estar parado durante horas escuchando discursos profunda- mente aburridos.


Para que no sólo los congresistas reciban el mensaje,


sino también los medios de comunicación y, en conse- cuencia, el público en general, estas organizaciones tam- bién invitan a sus miembros a llamar y mandar cartas a los medios de comunicación, específicamente a las oficinas de producción de los programas de radio y televisión re- lacionados con el tema en cuestión, así como a los más importantes diarios y revistas. Es tal la penetración que tienen este tipo de herramientas en los Estados Unidos, que muchas organizaciones ya utilizan una nueva tecno- logía con la cual envían un mail a una base de datos y en lugar de pedirles que llamen a su congresista, solamente les piden que escriban su número telefónico y automáti- camente llaman a la persona y al congresista y los ponen en contacto. La clave en el mundo de hoy es facilitarle la participación a todos los ciudadanos y no pedirles más de lo que ellos quieren dar.


Donaciones


En America Latina nos cuesta mucho hablar de dinero, especialmente del que se dona a las campañas electorales. Esto sucede fundamentalmente por dos razones, la pri- mera es que en la mayoría de los países no hay una ley que regule el dinero ingresado y egresado de las campa- ñas electorales, y cuando sí hay, no es puesta en práctica. La segunda es porque tenemos una historia de campañas alimentadas con dinero no justificado. Pero en muchas partes del mundo es legal y aceptado que los grupos de interés donen dinero a las campañas de los candidatos que se pronuncien a favor de los principios que ese grupo im- pulsa. Está claro que mientras mas congresistas haya que apoyen determinadas políticas, más posibilidades hay que las mismas salgan adelante.


Por ejemplo, en muchos lugares del mundo, es una


práctica corriente que las asociaciones religiosas donen dinero a los candidatos que se pronuncien en contra del aborto o que las organizaciones pro-matrimonio gay do- nen dinero a los candidatos que apoyan a este tipo de matrimonio.


Mientras exista una reglamentación clara e integral


sobre el financiamiento de las campañas y la misma sea transparente en cuanto a los donantes y sus intereses, esta es una forma efectiva de hacer lobby.


La clave en el mundo de hoy es facilitarle la participación a todos los ciudadanos y no pedirles más de lo que ellos quieren dar


Nuevos medios Creo que los nuevos medios como Twitter o Facebo-


ok ya han demostrado su efectividad cuando millones de personas se congregaron en las calles de toda America Latina en una marcha contra las FARC. Igualmente los mensajes de texto mostraron su eficacia cuando millones de españoles intentaban hacer lo único que podían para aclarar lo que pasó aquel 11 de marzo.


Los nuevos medios están aquí entre nosotros, son los


medios por los cuales muchos de nosotros nos comuni- camos, nos informamos y hasta nos conocemos. Por eso también pueden ser el medio por el cual nos expresemos y hasta quizás sea uno de los medios por los cuales siga- mos cambiando al mundo. Desde contar nuestra vida en menos de 140 caracteres, unirnos a grupos de personas que comparten la misma visión del mundo que nosotros y hasta ayudar a difundir un mensaje que creemos valioso, las nuevas tecnologías serán (¿son?) herramientas claves para el lobby del futuro.


Como dice un filósofo argentino contemporáneo ¨El


futuro llegó, hace rato” por eso todas estas herramientas mencionadas no se suplantan entre sí, sino que se com- plementan para que el lobby no sea una disciplina que se realice en habitaciones oscuras ni en plazas llenas de gente, sino en un accionar integral, profesional y efectivo, que ayude a profundizar la democracia en nuestros países e impulse el válido derecho de los ciudadanos de influir en las decisiones de sus gobernantes. Pero primero, será tarea de los lobistas hacer el lobby necesario para que esta disciplina sea legal, transparente y regulada.


Abelson@gwu.edu


Julio 2010 | Campaigns&Elections 11


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