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igual que Gore, a mediados de la campaña, cuan- do las encuestas demostraban que esa estrategia era errada, ambos volvieron a su redil y pidieron ayu- da a sus anteriores “jefes”. Por ello, Santos ponía spots de radio hablados por un “doble” de Uribe. Sin duda el principal activo de campaña que tenía Santos, era la posibilidad de dar seguimiento a las políticas pública de Uribe. Santos rectificó en buen momento y buscó acer- carse a Álvaro Uribe, sabiendo que éste le apoyaría para asegurar la continuidad de su mandato. Sin duda la oferta de continuidad y el capital político de Uribe colocó en una situación extremadamente privilegiada a Santos.


Las imprudencias de Mockus


Ante la falta de liderazgos de oposición en Colom- bia, Antanas Mockus tuvo el privilegio de posicio- narse fuertemente en la opinión pública. El elec- torado colombiano tenía hambre de una opción distinta, alguien que representará un cambio positi- vo en sus vidas, y por algunas semanas, Mockus re- presentó ese estereotipo de candidato, que al igual que Obama, rompía con el esquema del político tradicional, comprometido con las causas sociales, y con un pleno rechazo a las prácticas tradiciona- les y clientelares, en que se busca el espaldarazo de sindicatos, alcaldes y demás líderes sociales. Sin em- bargo, su falta de prudencia tiró todo por la borda. Cuando un candidato aspira a un puesto de elec- ción a través del voto popular, debe tener en cuen- ta que su principal enemigo puede ser uno mis- mo y su pasado. Los adversarios escarbarán cuanto puedan de su pasado, a efecto de exhibirlo ante el electorado; las reacciones que el candidato tenga en situaciones de tensión pueden ser determinan- tes. Deben de estar entrenados para evadir temas controversiales y que les pueden contar votos, esa es una de las razones por las que se les pregunta una cosa y a veces responden otras. Por ejemplo, si la pregunta es con relación a la admiración por Chávez, se tendría que hablar de la importancia de mantener relaciones con los venezolanos. Independientemente de si se tiene un perfil de iz- quierda, centro o derecha, cuando uno se enfrenta a una elección presidencial, más allá del priorita- rio mercado interno, se debe valorar las tendencias internacionales, los aciertos y desaciertos de los candidatos anteriores, así como aquellos de otras latitudes. No es la primera vez que un aspirante presidencial sepulta sus aspiraciones presidenciales por abrir la boca de más, tal es el caso de Álvaro Noboa en Ecuador y Andrés Manuel López Obra-


dor en México. Mockus no tuvo la serenidad que se requiere para llegar a gobernar un país, y él le transmitió esa in- seguridad al electorado. Esos últimos días de cam- paña en los que tuvo que dedicarse a aclarar lo que había dicho y cuando fue arrollado en los debates, la gente espera contar con intelectuales en el Go- bierno, con presidentes negociadores, persuasivos, prudentes y que reaccionen positivamente ante cualquier contingencia.


El misterio de las encuestas


Por último, no cabe duda que las encuestas se equi- vocaron. No sabemos mucho en realidad de qué pasó en esa campaña porque no sabemos desde qué momento están equivocadas dichos estudios de opinión. ¿Se equivocaron al final o se equi- vocaron en el medio? Es decir, si las encuestas le daban a Santos una enorme ventaja al principio de la campaña, y el resultado final le fue favora- ble, puede ser que las únicas que se equivocaron fueran aquellas ocho semanas anteriores al día de la elección, donde hablaban de un virtual empate. O quizá nunca se dio tal cosa. Tal vez, Santos sola- mente bajó un poco al comienzo de la campaña, lo cual es normal en candidatos que comienzan muy alto al principio y terminan con su base, dejando un gran espacio que será llenado por cualquiera de los otros que haga mejor campaña, o que proyecte una imagen de contraste. Ese fue Mockus quién, posteriormente con sus declaraciones, ahuyentó al electorado.


Si bien el parámetro con el que se consideran las encuestas es muy amplio, cuando la elección es muy lejana, la gente tiende a votar por el reco- nocimiento del nombre, lo que ayudó a Santos a posicionarse nacionalmente, además de ser parte de una conocida familia colombiana y de prominen- tes negocios.


En el último mes de previo a la elección, la campa- ña de Santos presuntamente empezó una campaña negativa y de miedo contra la imagen de Mockus, pero en un periodo tan pequeño de tiempo y con una demografía como la de Colombia es imposible capitalizar una diferencia final de 25%. Colombia al igual que en varios países de Latinoamérica, cuenta con firmas encuestadoras locales y nacionales así como con la presencia de reconocidas firmas inter- nacionales que suelen asociarse con firmas locales a efecto de otorgar supuesta reputación, objetividad y respaldo, pero que sencillamente parecen ser ne-


Julio 2010 | Campaigns&Elections 19


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