FISIOLOGÍA Y ENFERMEDADES
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• Miedo: en este caso, suele ladrar retirándose hacia atrás, con un ladrido corto y agudo, procurando que lo que representa una ame- naza no se le acerque.
• Ganas de jugar: cuando un perro quiere jugar estira las patas delanteras, mante- niendo levantados sus cuartos traseros, y ladra de forma repetitiva y aguda.
• Llamar la atención: para conseguir algo, un perro puede ladrar de forma insistente y repetitiva en un tono agudo.
• Frustración: cuando un perro se queda solo y sufre ansiedad, ladra de manera compulsiva, a un volumen muy elevado y de forma muy nerviosa.
• Neurótico: es un ladrido rítmico y constante, siempre en el mismo tono, que es propio de perros que padecen algún tipo de neurosis.
¿Qué hacer cuando el perro es demasiado ruidoso? Teniendo en cuenta que el ladrido forma parte del etograma normal de la especie y que puede estar asociado a numerosos contextos y situacio- nes motivacionales, el primer punto de partida será saber qué origina este estado. Sólo así podrá aplicarse el programa de tratamiento específico. Con este fin, la inspección del animal y la anam- nesis realizada a los dueños se convierten en herramientas de trabajo imprescindibles. Una vez identificado el problema, son varias las alternativas que se pueden aplicar. Las vemos a continuación.
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Evitar el estímulo o las situaciones que desencadenan el ladrido En coordinación con los propietarios se dise- ñará la estrategia más adecuada para evitar la aparición de la conducta y los estímulos que generen el estado emocional negativo. Por ejemplo, se intentará evitar la presencia cer- cana de otros perros, personas o ruidos intensos manteniendo al animal en la zona más tranquila de la casa o sacándolo a pasear por los lugares y a las horas de menos bullicio. Tampoco obligaremos al animal a acercarse a estímulos hacia los que mani- fieste miedo, y de ser necesario, intentaremos man- tener una distancia de seguridad a la que pueda tolerar dicho estímulo sin que se ponga nervioso.
En ningún momento se deberá pegar o gritar al perro; con ello lo único que conseguiremos es incrementar la tensión y su miedo, empeorando la situación.
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Nunca reforzar las conductas inadecuadas No se debe intentar tranquilizar o prestar aten- ción al perro cuando el ladrido es la manifes- tación de una conducta inapropiada destinada a llamar la atención, ya que aunque parezca que en ese momento se controla, a largo plazo se logrará que la conducta se repita con más frecuencia. Por lo tanto, en este momento lo ignoraremos y sólo le prestaremos atención cuando deje de realizarla. El objetivo es que aprenda que no conseguirá la atención deseada mientras ladre. Eso si, es fundamental ser perseverante a la hora de ignorar al animal. Pero también es cierto que este tipo de manejo no siempre puede realizarse, ya que hay que tener presente la posibilidad de que el propietario no pueda
El debate sobre el uso de los collares antiladrido
En los últimos años se ha extendido de manera indiscriminada la utilización de collares antiladrido. Existe un gran debate al respecto. Lo primero que hay que saber es que existen distintos tipos de collares antiladrido en función del estímulo que emiten: descargas eléctricas, ultrasonidos o spray (de citronella o simplemente agua). Se pueden activar directamente por el ladrido o por control remoto. El objetivo de todos ellos es proporcionar un castigo inmediato a la acción del ladrido para conseguir que la conducta no se repita. La mayoría de los estudios señalan que son métodos eficaces, siempre y cuando se usen de forma correcta. Sin embargo, hay también un sólido número de estudios que señalan que el empleo de estos collares, sobre todo los que gene- ran descargas eléctricas, comprometen el bienestar animal. Para muchos auto- res este último sistema debe ser la última herramienta que hay que utilizar, y en casos muy concretos siempre y cuando se haya corregido la situación emocional subyacente de ansiedad, miedo, agresividad, etc.
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