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pelota en juego


Alemania 2006: el cabezazo Suráfrica 2010: el pulpo Brasil 2014: ¿el qué?


y sin capacidad de reacción, cayó al césped fulminado por el impacto. La agresión de Zinedine Zidane en la final del Mundial


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de Alemania 2006 dejó al planeta fuera de control. ¿Qué le habría pasado al gran jugador francés, conocido en el fútbol por su corrección y su sentido de la caballerosidad? Con la vergüen- za de su bochorno, Zidane regresó a los camerinos expulsado y repudia- do por aquellos que una vez lo habían visto como un semi-dios del Olimpo futbolístico.


“Dijo cosas insolentes


relacionadas con mi hermana, por eso lo agredí”, se defendió el astro del mediocampo poco tiempo después, pero no hubo explicación convincen- te para que la reconciliación con los aficionados fuese posible. Este acto quedó como el hecho más relevante de aquella Copa; al día siguiente se hablaba más del “Zidane-cabezazo” que de la propia final ganada por Ita- lia en los tiros penales. El Mundial de Suráfrica, tan criti-


cado al comienzo y tan alabado al final, tuvo también su mayor interés fuera del balón. Lo que en un comienzo fue tomado como una curiosidad, luego como un truco publicitario y en los días decisivos como un acto de predicción inapelable, copó la atención universal y se transformó en un ícono del torneo. Paul se llama y nació en Inglaterra. Fue llevado a un acua-


rio alemán poco después, y aunque ya en la Eurocopa de 2008 había mostrado sus dotes de pronosticador, no fue sino hasta el recién terminado Mundial cuando su reputación subió hasta el punto más alto al que haya llegado molusco alguno. Pequeñas informaciones de prensa citaban los aciertos de


Paul, pero no se le hacía mayor caso: aquello era una anécdota más de las tantas que aparecen en cada Mundial. Hasta que en semifinales, y actuando como un “vende patria”, predijo la vic- toria de España sobre Alemania. La fama del pulpo fue motivo de bromas y chistecitos que circularon por los teléfonos celu-


| Edición Aniversario | Agosto 2010


l arranque de toro en plena lidia, con la cabeza gacha y la actitud bravía, fue inesperado. Mucho más aún el cabezazo en el pecho del italiano Marco Materazzi quien, sin aire en los pulmones


Cristóbal Guerra crisluisguerra@yahoo.com


lares y las computadoras, principalmente después de acertar también el triunfo de los españoles sobre Holanda en el partido decisivo. Cuando la selección campeona llegó a Madrid, cientos de aficionados portaban pulpos de goma, cartón o plástico por las calles de la ciudad; inclusive, uno de ellos se había tatuado la imagen de Paul en un brazo. El Mundial, pues, se ha convertido en un espectáculo que


largamente rebasa las cuatro rayas blancas que delimitan la geografía del campo. Tal como hemos recordado, últimamen- te han surgido asuntos inesperados y extravagantes que le han propor- cionado un interés aún mayor, tales como esta cómica estampa del pulpo. ¿Estrategia de la FIFA, ardides de los comités organizadores? Un amigo, en el colmo de la suspicacia, está conven- cido de que no era el pulpo el que ele- gía; que todo estaba manejado desde la tramoya del teatro, pues colocaban mejillones sanos en uno de los cubos plásticos, y mejillones en mal esta- do en el otro. Como quiera que sea, quien haya dirigido las operaciones está cerca de ser un sabio en asuntos de fútbol. Así las cosas, en Brasil deben estar


pensando desde ahora qué hacer para que el Mundial de 2014 en la tierra de


Vinicius de Moraes y Pelé, tenga una trascendencia única. Algo habrán de inventar, alguna estrategia cocinada al fuego lento del ingenio, para sorprender y gustar. Precisamente ellos, los brasileros, tan dados al sortilegio, las creencias mágicas y afro religiosas; además, la macumba. El inmenso país del majestuoso Amazonas tiene razones


para organizar un Mundial deslumbrante: su economía emer- gente es por estos días la más importante de América Latina; su capacidad de organización y su población de más de 200 millo- nes de habitantes garantizan estadios llenos y pasión desborda- da por las calles de las ciudades; y, finalmente, la sed de revan- cha después de su humillante salida de Suráfrica a manos de Holanda. Todo esto lo sabemos. Lo que está por conocerse es si, en medio del fragor de los partidos y el humo de las fiestas, apa- recerán cada día, a los pies del Cristo Redentor, las banderas de los países que cada día ganarán los partidos mundialistas.


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