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cine imperdible


Robinson), experto en detectar fraudes, en la que declara ser el asesino del señor Dietrichson (Tom Powers) y haber estafa- do a su propia compañía. Explica por qué lo hizo: “Lo maté por dinero y por una mujer. Ni conseguí el dinero y tampoco a la mujer. Estupendo, ¿verdad?”. La grabación de Walter da inicio a un


flashback que muestra cuando él visitó la casa de los Dietrichson para conseguir que su cliente renovase el seguro de sus vehículos. El señor Dietrichson (por cier- to, nunca se menciona su primer nom- bre) no está, pero si su poco escrupulosa mujer Phyllis (Barbara Stanwyck), quien aparece en lo alto de la escalera cubierta solamente por una toalla. Walter se sien- te atraído por la dama, quien mantiene una actitud ambigua ante los avances del agente de seguros. Luego de otros encuentros cada vez


más insinuantes, se convierten en aman- tes en medio de una insana relación de amor, odio, dominio y sumisión. La chica le plantea lo conveniente que resultaría para ambos si su marido muriese en un “accidente”, de manera que quedarían libres para estar juntos y podrían cobrar doble indemnización al seguro por una póliza de accidentes personales. Pero claro, siempre es más difícil ejecutar el crimen que planificarlo. Hay una segunda historia amorosa que


tampoco estaba en el relato original: Wal- ter se ve atraído por Lola, la hijastra de Phy- llis, lo que acentúa sus remordimientos y al mismo tiempo introduce incomodidades en la relación de Walter y Phyllis. Al final queda la sensación de que los


verdaderos motivos que esconde el per- verso comportamiento de los dos prota- gonistas no es del todo explicado, pero éste es quizás uno de los atractivos más poderosos de la película. La actuación de Barbara Stanwyck es


extraordinaria, probablemente el mejor papel de su carrera como pérfida mujer fatal, con una agradable combinación de sensualidad, seducción y una asombro- sa frialdad. Igualmente extraordinaria es la actuación de Fred MacMurray como un agente de seguros banal y limitado, capaz de alternar una sonrisa bobalicona


léala en www.revistasaladeespera.com


con la más despiadada mirada. Aunque M, el vampiro de Dusseldorf (Fritz Lang – 1931) y El halcón maltés (John Huston – 1941) fueron sus predecesores visuales de este estilo, Perdición sentó las bases y el estilo característico del cine negro. Los amantes de las curiosidades no


dejen de observar la escena donde Wal- ter y Phyllis se besan por primera vez. Recuerden que Walter es soltero, pero en esa escena MacMurray olvidó quitarse su verdadero anillo de matrimonio, el cual utilizaba siempre en la vida real y no lo notaron hasta la post producción. Otra curiosidad es que la puerta del


apartamento de Walter abre hacia afuera en lugar de abrir hacia adentro, en fran- ca violación de las normas de seguridad de Los Ángeles. Esta licencia artística fue tomada por el director para poder incluir la escena crucial donde Phillys está ocul- ta detrás de esa puerta y sólo los especta- dores pueden verla. En 1970,


los estudios Paramount


habían planificado hacer el remake con Robert Redford en el rol de Fred MacMu- rray, pero el proyecto no se materializó. Esta película obtuvo de inmediato


éxito de la crítica y del público. Es un filme recomendado para todo amante del cine y no sólo para los seguidores.


Acerca del director William Wilder, conocido como Willy,


nació a principios del siglo XX (1906) en el poblado Sucha, en ese entonces parte del imperio austrohúngaro, hoy Polonia. Se aficionó al cine desde pequeño. Una de sus películas favoritas era El acorazado Potemkin (1925). Comenzó a trabajar en la UFA (Alemania), pero al llegar Hitler al poder tuvo que huir de Berlín por su ascendencia judía. Su madre murió luego en el campo de concentración de Aus- chwitz. A los 28 años se trasladó a los EE UU. Fue guionista de 60 películas y diri- gió 26. Entre sus mejores películas resaltan:


Perdición (1944), Sunset Blvd. (1950), Con faldas y a lo loco (1959) y El apartamento (1960). Su última dirección fue en Aquí un amigo (1981). A partir de ahí, las com- pañías aseguradoras ya no querían ase- gurar sus producciones por su avanzada edad. Murió en Hollywood a los 95 años por una neumonía. Pueden ver un extracto de la pelícu-


la en la página www.librospeliculas.blogs- pot.com. Hasta el próximo número, en el que


revisaremos el filme que dio inicio a lo que se conoce como el Neorrealismo ita- liano: Roma, ciudad abierta.


Agosto 2010 | Edición Aniversario | | 155


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