TERMINOLOGÍA BIORRACIONAL
H
ace más de medio siglo que se introdujo el control integrado — un concepto revolucionario que sirvió de base al Manejo Integrado de Plagas (MIP) actual. Los creadores del concepto, Stern y colegas, tuvieron la visión de realizar control de plagas combinando productos químicos y biológicos, pero debido a la excesiva dependencia de los insecticidas de amplio espectro de entonces, esto no fue posible durante años. Hoy día, con los avances en formulaciones selectivas, el sueño de Stern se acerca a su materialización. El propio concepto de MIP fue revisado hace poco para incluir reducción de riesgos. Así, el enfoque de antaño en plaguicidas se inclina ahora cada vez más hacia consecuencias e impacto del manejo de plagas.
Ana Isabel Reho Editora del Grupo
aireho@meistermedia.com
Muchos consideran productos biorracionales como sinónimo de bioplaguicidas, pero si un bioplaguicida presenta modo de acción antagónico sin inducir mortalidad en la plaga directamente, no es un plaguicida en el sentido estricto de la palabra.
El concepto biorracional, por su parte, ya sea aplicado a productos o al manejo, también ha estado circulando en la industria por algún tiempo, pero de manera más ambigua si cabe. Por ejemplo, muchos utilizan los términos bioplaguicida y biorracional indistintamente, lo cual es erróneo en cierto modo. Veamos por qué. Según la EPA, un bioplaguicida es un plaguicida derivado de materiales naturales, ya sean microbianos, protectantes incorporados a plantas (PIP) o bioquímicos. Sin embargo, si un bioplaguicida de origen microbiano presenta un mecanismo de acción antagónica pero no induce mortalidad en la plaga directamente, no es un plaguicida en el sentido estricto. Por si lo anterior no estuviese suficientemente enredado, vayamos al término “biorracional.” Al parecer, el primero que utilizó el concepto en
la literatura científica fue Djerassi allá por los ‘70. Hasta esa fecha, se incluía como ejemplos de biorracionales a productos específicos de especies, activos a bajas concentraciones, no persistentes ni tóxicos, e inocuos para los vertebrados. Se sabía que estos productos tendrían un impacto en la plaga y causarían interferencias, pero no necesariamente matarían a la plaga, al menos no directamente. Lamentablemente, la EPA nunca se decidió por una definición, ni aclaró el tema de los bioplaguicidas. En cambio sí adoptó la denominación “riesgo reducido” para catalogar plaguicidas de bajo riesgo para humanos, organismos no objetivo y recursos medioambientales; o que contribuyan a un MIP más efectivo. Ahora bien, en la práctica un producto biorracional debería ser de riesgo reducido, mientras que un plaguicida de riesgo reducido podría no ser biorracional.
A falta de definición oficial, científicos del Instituto de Investigación Agrícola Volcani (Israel) y la Universidad de Arizona (EUA) han propuesto una definición bipartita — aludiendo a los biorracionales como sustancias o procesos cuyas consecuencias adversas sean escasas o nulas para el ambiente y para organismos que no formen parte del objetivo cuando se aplican en un sistema específico o en un entorno ecológico, y a que tengan acción letal, supresora o modificante del comportamiento de un organismo objetivo, magnificando el sistema de control. La definición no especifica el origen de los agentes biorracionales, pudiendo ser desarrollados a partir de modelos naturales o sintéticos. En definitiva, una solución biorracional para control de plagas debe ser compatible con el sistema de control biológico, pero también con un sistema integrado que incluya formulaciones convencionales.
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PRODUCTORESdeHORTALIZAS • JUNIO 2013
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