Recorriendo el Amazonas Doug Clements, EE.UU.
se avecina una nueva cultura
Carguen los cañones, sacudan los sables:
C
uando uno se pasa muchos años interac- tuando con culturas de pueblos de muy diversos anteceden-
tes, empieza a encontrar increíbles similitudes entre todos los seres humanos.
La mayoría de nosotros prefie- re pensar que somos únicos, y nos damos el lujo de llegar a creer ser mejores que los otros de culturas o grupos socioeconómicos diferen- tes. Al trabajar en la región ama- zónica y otras zonas remotas del
a varias interpretaciones, los gru- pos tribales se aferran de manera vehemente a sus propias creencias de un origen independiente, que les separa de las tribus vecinas. Los que provienen de sociedades más estructuradas en ciudades más grandes en toda las América, creemos que somos más avanza- dos que cualquiera de esos grupos tribales.
De seguro somos más avanza- dos, si se mide por las herramien- tas que usamos: computadoras, alta tecnología, medicina, maquina- ria agrícola, etc. Pero nuestras vidas coti- dianas se asemejan íntimamente a la vida cotidiana de cualquier miembro de una tribu en lo más profundo de la selva.
Cualquier indí- gena se pasa un día típico principalmente buscando comida y procurando ropa y alojamiento. El resto del tiempo lo invierte en una gran variedad de actividades, que
mundo, los voluntarios de Wings of Hope aprenden que en realidad tenemos mucho más en común que diferencias.
Existen decenas de diferentes grupos tribales distribuidos a lo lar- go y ancho de la selva amazónica. Cada tribu cree que es indepen- diente de sus vecinos y sin rela- ción alguna entre sí. La ciencia ha estudiado a muchas de ellas para determinar de quiénes descienden, y aunque los resultados conducen
pudiéramos llamar los pasatiempos cotidianos. Una vez aseguradas las necesidades perentorias, entonces el miembro de la tribu puede parti- cipar en ceremonias religiosas, en- señar a sus hijos alguna habilidad valiosa, socializar o jugar. En nuestras regiones más desarrolladas no dedicamos todo el día a solventar las necesidades básicas mencionadas en la teoría de Maslow (alimento-ropa-techo). Pero sí nos pasamos trabajando
28 revista aérea diciembre 2010/enero 2011 •
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de ocho a 10 horas diarias, y des- pués gastamos el dinero ganado en procurar los mismos elementos de la jerarquía de necesidades de Maslow. De modo que en realidad, no somos tan diferentes después de todo.
Incluso los pasatiempos co- tidianos son muy similares. Las mujeres de la tribu quieren que sus hijos aprendan las habilida- des necesarias. Los jóvenes de la tribu cortejarán a las muchachas. Incluso las relaciones sociales son similares. La gente se reúne para hablar, beber, bailar y tocar música. Y la política es también muy pare- cida. Los miembros intercambian ideas sobre cómo se debe admi- nistrar su aldea, expresan sus des- avenencias y eventualmente llegan a acuerdos.
Las diferencias generalmen- te residen más en lenguajes y la forma en que mentalmente proce- samos la información. Y eso es lo que provoca el conflicto. Desafor- tunadamente respondemos a este conflicto superficial con indiferen- cia o violencia. Tal vez si nos to- máramos el tiempo necesario para pensar más abiertamente sobre nuestras similitudes en vez de las pocas diferencias que existen, to- das las culturas podrían aprender conceptos valiosos para el benefi- cio de todos.
La paz y la esperanza no son metas lejanas ni inalcanzables. Mahatma Gandhi lo expresó brillan- temente: “Tu y yo somos personas diferentes. Caminemos juntos por un rato y descubramos cómo po- dernos ayudar mutuamente a al- canzar nuestros propios sueños”. n
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