Juan asintió y empezó a mostrar un ceño más relajado, los hombros algo más disten- didos, su mandíbula dejó de chasquear y estaba atento a la explicación.
Las señales del cuerpo de Juan me indicaban que íbamos bien y que avanzábamos en esta primera fase de calmar y relajar para poder escuchar.
Juan, le dije, “estoy aquí para acompañar- te en esta etapa (la organización estaba en momento de cambio cultural y la Dirección había hecho una apuesta clara para facili- tar el cambio), con la finalidad de potenciar tus puntos fuertes, que estoy segura que son muchos; así como ayudarte a identifi- car aquellos aspectos que, a veces, pueden restarte o limitarte, y siendo mas consciente de ellos, puedes minimizar el impacto que tienen en ti, o en tu equipo,… ¿qué te parece?
Juan respondió: “Suena bien, pero no sé yo si tengo tantos puntos fuertes o fortalezas que llaman. De hecho, si estoy en este proceso es porque no lo haré tan bien...”.
Le señalé que suele haber un malentendido con las personas que reciben un proceso de Coaching. Hoy en día es una medida de in- versión en el desarrollo del profesional, en la retención del talento, de la experiencia,… es una manera de reconocimiento a su trabajo.
Juan me miró confuso y se sonrió cuando escuchó la palabra reconocimiento. Y repitió “¿Reconocimiento, Noelia?, Lo que importa es obtener buenos resultados, hacer tu trabajo y punto. Eso de reforzar de manera positiva y reconocer, no hay tiempo, no se valora, no hace que el trabajo salga,...”
Yo le escuchaba atentamente, pues Juan estaba exponiendo algunas de las (auto) limitaciones que nos ponemos a la hora de hacer una acción de reconocer el trabajo del otro. Además de la vergüenza, de la falta de costumbre, de dar por hecho que la persona ya sabe que ha realizado adecuadamente determinada tarea, o pensar que me va a pedir un aumento de sueldo, o no reconocer
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porque igual el resto del equipo se molesta, porque no sé cómo decírselo, o que no haya cultura del refuerzo, y un largo etc. de creen- cias limitantes que nos paralizan para reali- zar el acto de reconocer a la otra persona el qué y cómo me hace sentir.
“Juan, me he encontrado a directivos y directi- vas que coincidían con tus argumentos, y algu- nos otros (compartí con Juan la reflexión del párrafo anterior). Y suelo realizar un ejercicio: ¿Te animas a hacerlo?”.
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