Mi cliente se reía al expresarlo. Pero sí, es verdad; es algo que suele pasar en las sesiones: uno de los retos no solo es marcar un objetivo definido, concreto, alcanzable, retador y motivador, sino también iden- tificar un factor que permita al cliente observar cómo avanza hacia su objetivo. En mi expe- riencia, esto es verdaderamen- te retador.
En otro momento de la sesión yo le pregunté: “¿Qué te/os ha traído hasta aquí? ¿De qué se compone parte de ese éxito?”. Me dio una respuesta sencilla sin atribuirle demasiada im- portancia: “En realidad no lo pensábamos. Cada año crecía- mos, se obtenían resultados y ya estaba. No nos preguntába- mos mucho más”.
¿Y de verdad no hay más? ¿Qué ocurrió de manera cons- ciente o inconsciente en la empresa de mi cliente? Yo lo describiría como un estado de alerta intuitivo, observador y atento. Cada persona estaba en su puesto de trabajo. Las decisiones fluían de forma rápida, con el análisis justo, pero con ganas de seguir su-
biéndose a cada tren que iba llegando, de avanzar, de fijarse más en los retos y las soluciones que en los obstáculos o en la famosa parálisis por exceso de análisis. Esto podría describirse incluso como un pequeño gesto de salto al vacío. ¿Habían hecho todos los cálculos? ¿Eran las decisiones megaanalizadas? ¿Dónde quedaba el miedo o el error? Quizás fueron como un debutante ciego de la ONCE, con sus pasos vacilantes, pero sin dejar de avanzar con el apoyo de un sencillo bastón, sorteando los obstáculos a medida que llegan, lo que no les impidió cruzar con éxito una calle llena de tráfico.
Otra de las características que mencionaré como factor de éxito es un canal de comunica- ción de abajo arriba y de arriba abajo. Aunque parece obvio, no resulta tan frecuente en las empresas que la comunicación fluya y se retroalimente en lugar de transmitirse de forma unidireccional sin acuse de recibo. Con esto quiero decir que las personas que están cerca del producto, de la logística, exploraban lo que sucedía. Sentían y vivían cada parte del pro- ceso como algo suyo y alertaban de manera semejante: con pocos datos, más bien desde la experiencia, como esos marineros que cuando más brilla el sol te avisan: “Se avecina una tor- menta”. Yo siempre me pregunto: ¿cómo lo saben? Pero esto es indiferente. Lo que cuenta es que al cabo de unos segundos cae el chaparrón. En esta organización sucedía algo parecido.
67
Page 1 |
Page 2 |
Page 3 |
Page 4 |
Page 5 |
Page 6 |
Page 7 |
Page 8 |
Page 9 |
Page 10 |
Page 11 |
Page 12 |
Page 13 |
Page 14 |
Page 15 |
Page 16 |
Page 17 |
Page 18 |
Page 19 |
Page 20 |
Page 21 |
Page 22 |
Page 23 |
Page 24 |
Page 25 |
Page 26 |
Page 27 |
Page 28 |
Page 29 |
Page 30 |
Page 31 |
Page 32 |
Page 33 |
Page 34 |
Page 35 |
Page 36 |
Page 37 |
Page 38 |
Page 39 |
Page 40 |
Page 41 |
Page 42 |
Page 43 |
Page 44 |
Page 45 |
Page 46 |
Page 47 |
Page 48 |
Page 49 |
Page 50 |
Page 51 |
Page 52 |
Page 53 |
Page 54 |
Page 55 |
Page 56 |
Page 57 |
Page 58 |
Page 59 |
Page 60 |
Page 61 |
Page 62 |
Page 63 |
Page 64 |
Page 65 |
Page 66 |
Page 67 |
Page 68 |
Page 69 |
Page 70 |
Page 71 |
Page 72 |
Page 73 |
Page 74 |
Page 75 |
Page 76 |
Page 77 |
Page 78 |
Page 79 |
Page 80