quieren imponerles su voluntad. Esto consti- tuye un problema serio en educación adulta. En el momento en que los adultos se en- cuentran con una actividad etiquetada como “educación”, “formación” o cualquier otro sinónimo, conectan con su condicionamien- to de dependencia durante su etapa escolar previa, se cruzan de brazos, se reclinan hacia atrás y se dicen “enséñame”. Este supuesto de dependencia requerida y el subsecuente tratamiento de estudiantes adultos como niños por parte del facilitador crea en ellos un conflicto entre su modelo intelectual- aprendiente es equivalente a dependiente- y su necesidad psicológica más profunda de auto-dirigirse. Y la respuesta típica de tra- tar con los conflictos psicológicos es inten- tar escapar de la situación que lo causa, lo que probablemente explica en parte la tasa elevada de abandono en la educación adulta voluntaria.
3. El rol de las experiencias del aprendien- te. Los adultos llegan a la actividad educativa con una gran cantidad y diferente calidad de experiencia, comparada con los jóvenes. Por razón, simplemente, de haber tenido una vida más larga han acumulado más experiencias que las que poseían de jóvenes. Pero además han tenido una clase diferente de experiencias. Esta diferencia de cantidad y calidad de experiencia tiene varias conse- cuencias en la educación de adultos. Es seguro que en cualquier grupo de adultos habrá un rango más amplio de diferencias individuales que en el caso de un grupo de jóvenes, es decir, es más heterogéneo en background, estilos de aprendizaje, moti- vación, necesidades, intereses y metas. Por esta razón se coloca un énfasis mayor en la individualización de las estrategias de ense- ñanza y aprendizaje en la educación de adul- tos. También significa que para muchos tipos de aprendizaje los recursos para el apren- dizaje residen en los mismos aprendientes adultos. De ahí que el énfasis en la educa- ción adulta sea en técnicas de aprendizaje a partir de las propias experiencias de los aprendientes o “aprendizaje experiencial”, técnicas de simulación, discusiones grupales (“mentoring y coaching grupales”), método del caso, etc., en lugar de las técnicas de transmisión. También se coloca mayor énfa-
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sis en actividades de apoyo entre ellos mis- mos (el “buddy” o compañero).
Pero el hecho de disponer de una mayor ex- periencia también presenta, potencialmente, efectos negativos. Conforme acumulamos experiencia tendemos a desarrollar hábitos mentales y presuposiciones que tienden a cerrar nuestras mentes a nuevas ideas, percepciones y formas alternativas de pensa-
miento –la conocida zona de confort. Por tal motivo los educadores de adultos tratan de descubrir vías de ayuda en este sentido. Otro efecto negativo, más sutil, está relacio- nado con la auto-identidad del aprendiente. Los niños más jóvenes derivan su auto- identidad, en gran medida, de los “elementos referentes externos” más próximos –quienes son sus padres, hermanos y otros familiares, donde viven, religión y escuelas a las que acuden, etc. Conforme maduran ellos mis- mos se definen progresivamente en función
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