Estación Insólita
Jenny Cockell, un insólito
caso de reencarnación
E
l caso de Jenny Cockell, británica que desde de color marrón claro, protegida del camino por un
niña soñaba fijamente con otra mujer, muro de piedra, con terrenos pantanosos por detrás, un
Mary, una irlandesa casada que murió riachuelo y un huerto de hortalizas. Mary pasaba la
joven, es considerado por muchos como mayor parte del tiempo cocinando; las papas y la harina
una de las mayores pruebas de la existencia de la reen- de avena constituían la dieta diaria, ya que no alcanzaba
carnación. Se trata de la historia de un espíritu reencar- el dinero para carne. Muy cerca había un pueblo más
nado en dos mujeres unidas por la muerte y la vida a tra- grande, una estación de ferrocarril, una carnicería y una
vés del tiempo; la primera, muerta prematuramente y la iglesia. A cada lado había un mercado donde vendían
segunda, centrada en un sólo objetivo: reencontrar a los cosas que ella nunca podía comprar”. Al poco tiempo
hijos que dejó al morir en su anterior existencia, viajan- surgieron en su mente nuevas imágenes, entre ellas, una
do hacia el pasado a fin de curar sus sentimientos de cul- de unos niños excitados que la llamaban desde fuera
pabilidad. Increíblemente, a través de ese viaje, Jenny para mostrarle un conejo colgado de las patas que ellos
descubriría su vida anterior, logrando reunir a sus hijos habían atrapado, el cual estaba tan asustado que ella
habidos en una vida pasada. Así confirmó una historia gritó: “¡Está vivo, está vivo!”. Otra mostraba los últimos
tan misteriosa, enigmática e inexplicable como una momentos de Mary, quien se estaba muriendo, aterrada
novela de ciencia-ficción. Jenny nació en 1953 en la zona y sola en un hospital. Tenía apenas 35 años, pero las com-
rural de Inglaterra. Desde muy niña soñaba con una plicaciones del parto debilitaron su cuerpo y, pese a que
mujer llamada Mary, madre la elevada fiebre distorsio-
de ocho niños. “Los sueños naba la realidad, se aferraba
eran tan reales que siempre a su hogar y a sus hijos y un
supe que había vivido antes, terrible miedo la dominaba:
ya que guardaba recuerdos “¿Qué será de mis hijos
de haber sido una joven cuando yo muera? ¿Qué
irlandesa muerta 20 años será de mis hijos, Dios
atrás. Aquel recuerdo me mío?”. Su muerte la “liberó”
generaba una gran angustia de una vida difícil. Veintiún
Humberto Zárraga por los hijos que ella aban- años después nacía Jenny
insolitohz@gmail.com
donó”. Cuanto tenía cuatro Cockell en una familia de
años, Jenny le preguntó a su clase media. Era una niña
mamá por qué su profesor solitaria cuyos días estaban
de catecismo nunca men- llenos de imágenes de otro
cionaba las vidas pasadas cuando hablaba de la vida y la tiempo y espacio y sus noches colmadas de un inquie-
muerte y, ante la actitud comprensiva de su madre, tante sueño, al conocer la angustia de una mujer conde-
entendió que la reencarnación se consideraba sólo como nada a morir dejando a sus hijos abandonados. “Yo llora-
una creencia. “Esto me hizo ver que yo era distinta, lo ba como ella; sentía su dolor como el mío y tenía miedo
que me hacía cuestionarme. A los ocho años, las premo- por el incierto futuro de los niños. Tal injusticia me cau-
niciones reveladas en mis sueños renovaron mi confian- saba rabia, porque en los sueños la muerte llegaba inevi-
za. Comencé a desarrollar el sentido de mi “normalidad”, tablemente”. Extrañamente, Jenny sabía que ese tiempo
compartiendo el secreto con poca gente. En ese enton- transcurría entre 1898 y los años treinta, ¡los mismos en
ces, la mayor parte del tiempo la vivía en el mundo de que vivió Mary! y también sabía que todo había sucedido
Mary”. No obstante, en su adolescencia empezó a con- en Irlanda. “Un día, de niña, sentí la seguridad de que si
centrarse en su vida actual; terminó sus estudios y se pudiera mirar un mapa de Irlanda, sabría con certeza
graduó de podóloga. Luego, se casó con Steve y se fueron donde estaría situado el pueblo y podría compararlo con
a vivir a Northants, condado interior de Inglaterra, con los mapas que había estado dibujando. Cuando tuve un
los dos hijos habidos en su matrimonio, lo que hizo que mapa hice varios intentos y cada vez volvía al mismo
sus incursiones en el pasado se hicieran menos frecuen- sitio, a un lugar llamado Malahide, situado al norte de
tes. Sin embargo, inesperadamente le surgían recuerdos Dublín. En los sueños veía a los niños. El mayor, de 13
de dibujos de la infancia, de iglesias y de mapas. Sus sue- años, seguro de sí mismo; una niña vivaz; cuatro niños
ños fueron cuidadosamente guardados en su agenda, más pequeños; una niña rubia de cinco años y un recién
pues intuía que algún día el tiempo y el dinero le permi- nacido. En cuanto a Mary, los recuerdos eran tan claros
tirían seguir las huellas de esos recuerdos. “Mis días que la veía con su cabello largo recogido en un moño y
estaban llenos de escenas de la pequeña casa de Mary, en una ocasión, esperando en un embarcadero, arropa-
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Julio 2009
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