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Cotidianas
Usted sí, usted no
H
ace unos años tuve la oportunidad vivimos y por ende obramos! La verdad es que, aun-
de conocer a un médico admirable que cuidemos nuestra salud, somos absolutamente
por su vocación de servicio. Es un impotentes para asegurar nuestra integridad física
crisol de cualidades: curioso, calla- y prevenir enfermedades. La suerte de vivir sanos
do, investigador minucioso y durante el tiempo que poda-
profundamente humano. A él mos es tan poco apreciada que
le debo la salud de mi hijo por bien podría compararse con
su atención inmediata, expe- la imperceptible conciencia
riencia y dedicación exclusi- de nuestra propia respiración.
va. Junto a él, descubrí súbita- ¿Quién se pone a contar la fre-
mente el significado de la vida cuencia cardíaca para saber
mientras observábamos en un que está vivo? Sólo lo hacemos
monitor el funcionamiento de cuando parece fallar. “Nadie
las válvulas del corazón de sabe lo que tiene hasta que lo
mi hijo. Era la primera vez pierde”. Por eso el médico es
que yo veía asombrada cómo tan importante. En sus manos
pasaba la sangre a través de parece residir la diferencia
una pequeña lengüeta temblo- entre la vida y la muerte.
rosa que se abría y cerraba Pienso, igualmente, que
al son del ritmo cardíaco. Me debemos estar conscientes de
quedé tan impresionada por ese milagro cotidiano que es
lo que estaba viendo que olvi- vivir para ser mejores personas
María T. Larotta dé por un momento que su y disfrutar de cada momen-
macrespo49@
objetivo era descartar algu- to placentero. Es sabio evitar
na lesión o enfermedad. Sólo las adicciones, hacer ejercicio
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atiné a expresar que era un y comer sanamente para con-
milagro estar vivo. Me había servar un cuerpo saludable.
hecho copartícipe de la misma Fundamental es también ale-
emoción que él sentía al con- jar la tensión nerviosa y nues-
quistar un nuevo triunfo. tras preocupaciones del diario
Desde entonces, mi vida cambió al saber lo vul- quehacer. Podemos dar solución a cada problema,
nerable que es el cuerpo humano, tan frágil, que conservando la calma sin desesperarnos. Y cuan-
es inexplicable que pasen días, meses y hasta años do nos veamos en la necesidad imperiosa de acudir
en perfecto estado con tantos peligros que a dia- a una emergencia de hospital o clínica y nos inva-
rio vivimos. Y no es que me la pase evitando golpes da la angustia de lo incierto, recurramos al amor y
y caídas o me haya vuelto neurótica. No. Es que, en energía de nuestra familia y amistades para lograr la
un destello de conciencia, me impactó el sorpren- atención inmediata por parte de un médico que no
dente misterio de la vida, cuyo origen aún estudian solamente nos devuelva la salud, sino que también
los científicos. Fue tan simple y a la vez tan comple- nos otorgue un cupo en el colapsado sistema asis-
jo darme cuenta de ello que mi mundo se tambaleó tencial, ya que es allí donde finalmente nos somete-
para siempre. remos al dictamen de un médico cuya misión será
Contrariamente a lo que experimenté ese día, atender sólo los casos más urgentes. Nos encontra-
vivimos como si fuese natural respirar, comer y reír. ríamos entonces frente a Dios en medio de la más
Quizás a veces, algunos de nosotros nos preocupa- absoluta soledad e invalidez para implorarle que no
mos por los riesgos de accidentes o por un dolor de nos envíe ante la presencia de San Pedro, quien tiene
estómago. La mayoría cree firmemente que nuestro fama de hacer su selección en la puerta del cielo,
estado normal es la salud y que lo imprevisto, oca- diciendo, igual que el médico: “Usted sí entra –y,
sional y extraño es la muerte. ¡Cuán equivocados señalando a otro–, pero usted no”.
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Julio 2009 www.saladeespera.com.ve
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