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Mi principito por Claudio Serrano


Los cuentos de la infancia, recitados cabe el brasero o al borde del sueño, ca- balleros de la imaginación y de la fantasía, son siempre refugio de las más bellas imágenes, como en aquel poema de Rubén darió en que la princesa Margarita buscaba el azul del cielo: “Esto era un rey que tenía/ un palacio de diamantes,/ una tienda hecha de día/ y un rebaño de elefantes,/ un kiosko de malaquita,/ un gran manto de tisú,/ y una gentil princesita,/ tan bonita,/ Margarita,/ tan boni- ta, como tú.” En esos cuentos cabe todo lo que uno imaginar pueda, con todo el exotismo que se le quiera añadir y con ese ropaje de la imaginación que da cabida a príncipes y princesas, corceles veloces y besos capaces de despertar de un sueño de cien años, espejos y cornucopias que reflejan el mundo de los sueños y visten de colores el gris acontecer de los días de diario, o botas que caminan siete leguas en una sola zancada o son capaces de subvertir un gato en el más rendido sirviente de un marqués. Aunque quizás lo más fascinante de esos cuentos es que el lector o quien los es-


cucha recitados o leidos con amor es capaz de adaptarlos a sus propias necesidades. Cuando el cuento nos habla de países exóticos no es difícil trasladar su geografía a lo conocido. Y cuando nos presenta a princesas hermosas, de rosadas mejillas, y príncipes seductores, no resulta imposible imaginar su rostro en la niebla de nuestros propios deseos, amores contenidos en un deseo de trascender. “Margari- ta, te voy a contar un cuento”, le decía rubén Darío a su bella princesa contándole aquella búsqueda en pos del azul, de modo que cada uno pueda iniciar su propio rastreo de colores y de formas, todas ellas con cabida en la imaginación. Y eso es lo mismo que hace Nadima en estas fotos que hoy se publican bajo el título de “Mi principito”. Recordando a una niña castigada en un ático por su mal comportamiento, ima-


gina un príncipe de leyenda que viene a rescatarla, jinete de su caballo blanco. Con aquel recuerdo infantil, construye hoy Nadima estas fotografías en las que caben


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Luz y Tinta


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