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fuera mentira, o dando una excusa inverosímil que ella estaba dispuesta a aceptar como verdadera. Volvió a poner el vídeo. Volvió a ver desfilar a aquellos legionarios, la mirada al


frente, alzando sobre sus cabezas la imagen de un Cristo crucificado que encajaba mal con la letra de la canción que iban como arrastrando, y volvió a ver el rostro aquel que le removía las entrañas. “Soy un hombre al que la suerte hirió con zar- pa de fiera...”, cantaba. Y sin embargo no era dolor lo que ella sentía al verlo allí tantos años después. A la estupefacción inicial siguió una rabia contenida y poco a poco fue dándose cuenta de que lo que realmente sentía al haberlo encontrado allí era rabia, lógicamente, y sobre todo una profunda ironía: se imaginaba lo que podía haber sido de ellos si no hubiera desaparecido aquella tarde sin dar expli- caciones. Durante aquellos quince años se había preguntado muchas veces qué habría sido de él, a dónde le habría llevado el destino y ahora se lo encontraba allí, desfilando con otros legionarios, tan perdidos como él seguramente y sobre todo tan alejados como él de su vida y de la vida del mundo. Cuando más entretenida estaba entre las imágenes y sus recuerdos, llegó su


hija, con sus quince años como quince castañuelas, besándola, contándole, entre saltarina y despreocupada, aquellas cosas del Instituto que le abrían de par en par el mundo de los sueños. Adela minimizó la imagen que ocupaba entonces su pan- talla y su hija le preguntó qué veía. —Nada importante —dijo, y se mordió los labios, se clavó las uñas de la mano


izquierda en un intento de contener la rabia y reprimió las ganas de confesarse con su hija, abrir la pantalla y mostrarle el rostro de aquel legionario altivo. “Mira, ese hijo de puta es tu padre”, le diría. Sin embargo, se levantó, enjugó una lágrima furtiva en el dorso de la mano


y comenzó a preparar el café de la merienda, consciente de que a su hija le hacía menos daño aquella historia familiarmente asumida de que su padre había muerto en un desgraciado accidente de tráfico pocos meses antes de que ella naciera.


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Luz y Tinta


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