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Yolanda Gatica por Eugenio R. Meco


Bueno, amigos, sigo con fotos de chicas que de alguna manera forman parte de la vida cotidiana de mi entorno. En numerosas ocasiones las modelos vienen al fotógrafo, en otras es el fotógrafo quien las descubre. Cuando mi mujer pasó por el hospital para una de esas puestas a punto por las que tarde o temprano pasamos todos, durante su convalecencia asumí las tareas de la intendencia del hogar, y en- tre estas tareas se encontraba la de hacer la compra. Recuerdo que ya el primer día me llamaron la atención los ojos de la cajera por las que pasé mi compra. Son esos detalles que no se le escapan a todo aquel que se precie de fotógrafo, sobre todo si tu tema preferido es el retrato. Con motivo de mi cumpleaños mi familia me regaló un móvil con línea de


internet, e inmediatamente instalé las aplicaciones que pudieran facilitar la publi- citación de mi trabajos, entre ellas Instagram. Fue subir alguno de mis trabajos e inmediatamente y sin conocerme Yolanda me solicitó mis servicios para que le hiciera una sesión de fotos. Quedamos un buen día para hacer las fotos y otra vez, “sorpresas te da la vida”, cuando vi que a la sesión le acompañaba la mujer de los ojos preciosos, la cajera del supermercado, la madre de Yolanda Gatica. Se suele decir que un retrato no miente nunca, pero en esta era de los orde-


nadores personales esta afirmación ha quedado obsoleta casi por completo. Ya antes, precisamente para los retratos, era casi siempre una de las mentiras más frecuentes. Si observamos los retratos de la época de la guardería o de la escuela, podremos comprobar que esos rostros no muestran, en absoluto, las particularida- des del carácter, quedando muy alejadas de “una imagen de la personalidad”. Soy consciente que es muy difícil despejar las envolturas del carácter. Con regularidad se utiliza la fotografía de retrato de ocasiones que brindan los amigos o los talle- res donde se participa. Pero en esos acontecimientos no se toma el tiempo o no se estará en disposición de poder hacerlo, como para poder entrar en el alma de las personas que se retrata. Hoy, más que nunca, resulta importante para los fotógra- fos de retrato, al menos para mi, distinguir nuestras fotografías de las “de tienda”, dicho ello con el mayor respeto.


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Luz y Tinta


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