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Malasaña por José M. Gonzalo


El día 2 de mayo de 1808, Madrid enloqueció. El descontento de la población, que venía incrementándose desde varios


días atrás, desencadenó una revuelta popular contra los invasores franceses, có- modamente instalados en el territorio nacional desde la llegada al poder de Pepe Botella, hermano de Napoleón Bonaparte. Ese día, un puñado de hombres, bajo el mando de dos osados capitanes, Luis Daoíz y Pedro Velarde, se alzaron en armas contra las tropas napoleónicas, a la sazón, el ejército más poderoso del mundo en esos tiempos, y le exigieron el fin de la opresión a la que los tenían sometidos y el retorno de sus legítimos gobernantes. Es fácil imaginar el asombro de los franceses ante tal propuesta, pero más fácil aún es adivinar el desenlace. Toda la población, civiles y militares, se unieron en un gesto suicida e irrepetible para luchar con todo aquello que tenían a su alcance, armas de fuego, cuchillos e inclu- so con sus propias manos, contra un enemigo a todas luces superior, pero al que estaban convencidos de poder derrotar gracias a la fuerza que les proporcionaba la cólera generada por tanta humillación recibida. Desde el Parque de Artillería de Monteleón, los valientes soldados resistieron heroicamente el acoso de las tropas francesas. Uno a uno fueron cayendo hasta que, al fin, el ejército invasor tomó el acuartelamiento. Daoíz y Velarde consiguieron un lugar de honor en la historia, pero aún fal-


taba un personaje que daría pie a lo que Gómez Rulfo consideró “La leyenda más bonita de la capital”: Manuela Malasaña. Tras aplastar la insurrección, los franceses sometieron a la población a una


feroz represión, como magistralmente reflejó Goya en su lienzo “Los fusilamien- tos de la Moncloa”. Manuela, una niña de quince años que vivía en la Calle San Andrés, al lado del Cuartel de Monteleón, salía de su taller de costura cuando fue sorprendida por las tropas francesas. La asesinaron por el delito de portar un “arma”, unas simples tijeras que utilizaba en su trabajo y que llevaba encima en el momento de la detención. Otras versiones afirman que la mataron por resistirse


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Luz y Tinta


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