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Lágrimas negras por Monchu Calvo


Lagrimas negras, como el titulo de una famosa canción, son las que propiciaba la contemplación de un paisaje, al que dirigí muchas veces mis paseos. La víspera de una nueva etapa política en el pasado diciembre, que coincidió en el norte de España con una tormenta de fuego y destrucción en los montes cantábricos, a la que asistimos desolados. Impotentes al ver el fuego besar de rojo los cielos, as- cendiendo con rabia por las laderas, buscando las cumbres, y ver que no se puede hacer nada, pues los retenes de bomberos estaban intentando contener las llamas de más de cien incendios simultáneos, con peligro real de que penetrasen dentro de algunos pueblos que tuvieron que ser evacuados. Sientes mucha rabia, y pena. Ves que los verdes se transforman en negros, que los azules del cielo adquieren el velo parduzco del humo destructor. Te imagi- nas a los animales huyendo con pavor. Algunos no lo logran y perecen, y asistes impotente al dantesco espectáculo de la muerte de lo que amas. Descontrolado, imprevisible, cruel. Así era el fuego. Dicen que se dieron las circunstancias para la quema perfecta. Ausencia de llu-


vias, viento calido del sur, abundantes desechos y material altamente inflamable en nuestros bosques, y luego la cerilla asesina del pirómano que desató el infierno. No lo entenderé nunca, por mucho que haya motivos para que se produzca. Nada jus- tifica el quemar lo que te proporciona la vida, porque son quemas que solo traerán perjuicios y perdidas, aparte del atentado ecológico en quemas descontroladas, que lo mismo arrasan matorral que arbolado adulto o ejemplares en repoblación. Las quemas se hicieron siempre en las sociedades rurales. Y tenían unos re- sultados beneficiosos para las superficies de praderias que se veían invadidas por zarzales y maleza, y periódicamente, en las fechas que se consideraban más idó- neas, meses de invierno, generalmente, temperaturas frías y ausencia de viento, se convocaba a los vecinos para mejor controlar el fuego, y se procedía a quemar de forma prudente y listos a intervenir si el fuego iba en la dirección equivocada.


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Luz y Tinta


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