tu puesto?
Por supuesto que no. Y no puedes porque el ser humano no puede elegir serlo o no en relación a dónde esté en cada mo- mento o lo que esté ha- ciendo en cada instan- te. El ser humano es un aparato complejo, lleno de componentes físicos que hacen cosas prede- cibles y que podemos
cuidar y entrenar, pero que se engarzan entre sí y se lubrican mediante otros componentes que no son tan conocidos, que son subjetivos, que difieren de una persona a otra y que cambian su composición en virtud de las circunstancias. Precisamente por eso es tan difícil alinear y mo- tivar personas. Porque cada sujeto está repleto de subjetividades que le impelen a hacer cosas o le disuaden de ello; y además dependen de tantas variables que, si quisiera conocerlas to- das, debería convertir- me en el propio sujeto, con su historia, sus expe- riencias, logros, prejuicios y situación contextual exacta. Y ni siquiera así, puesto que a veces to- dos hacemos cosas que ni siquiera nosotros mis- mos somos capaces de explicar desde un punto de vista lógico.
Esto es el fundamento de algo que los coaches conocemos bien, y llamamos carácter tri- dimensional del ser humano. Algo que no podemos ignorar si que- remos ayudar a una per- sona o una organización a recuperar el equilibrio, y que en mi opinión de- bería explicarse desde la
educación primaria para que nunca se dejara de tener en cuenta. Y digo equilibrio porque se trata precisamente de eso. De lograr la armonía mediante el contrapeso de fuerzas que operan, seamos conscientes o no de ellas, con gran influencia en nuestro día a día.
Una forma sencilla de verlo es un ejemplo que uso con frecuencia en los talleres que facilito, y consiste en imaginar a una persona como si fuera una mesa que re- posa sobre tres patas. Es evidente que cualquier mesa del mundo nece- sita al menos tres patas de la misma longitud, si deseamos que las cosas que ponemos encima no se caigan al suelo. Vale, excluiré del ejemplo los mostradores, las mesas atornilladas a la pared y algún artilugio sueco de diseño imposible, pero estarás de acuerdo con- migo en que la mayor parte de las mesas del Planeta Tierra tienen al menos tres patas iguales. Pues, siguiendo con la metáfora, el ser humano es la única mesa que pretendemos que se mantenga en equilibrio sobre una sola pata. Sí, es cierto que tiene tres,
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