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mi mujer, mi objeto, mi pareja, mi rehén… amor mío,


compañero, mi amigo, mi amor. Nombres luego borrados por mi enemigo, mi verdugo”… Y ellos son: Pablo, José, Carlos…todos conocemos sus nombres,


veinte años, 50 años, 70 años… puños, arma blanca, cuchillo. José, dos hijos, un nieto, empresario. Carlos, en paro. Amor que amuralla, amarra, amartilla. Amor mío, mi amor, bella foto de la boda, celos, miedos,


cuchillos, borracheras,


violencia vestida de anillo de oro y plata, brutalidad,


dolor que sale al rellano, lamentos,


dolor que brota de las entrañas,


llanto en un rincón oscuro, en silencio, donde no la vean los hijos, sin lágrimas,


sollozos en una noche sin estrellas… Amor de denuncias y jueces, amor en ambulancia, odio que mata.


Violencia de género,


la peor secuela de tiempos pasados, también pre- sentes,


de sociedades machistas en las que la mujer es objeto propiedad del varón. Abramos puertas y ventanas,


la llamemos por su nombre, su nombre es Violencia. La miremos a la cara


el empujón, el silencio, el miedo,


la prohibición de reír,


la prohibición de cantar a la vida, la prohibición de decir lo que se siente ni la humillación pública


como escarmiento a la diversidad. Respetar no es ensalzar la violencia por diversidad, género o raza.


Antonia, sumisa mujer, ingresó por malos tratos. Y también Juana, ojos claros, vaqueros y blusa roja, y Raquel, pelo largo, cara morena. Silenciosa mujer –decían en el barrio- Luisa, Antonia, María…(todos conocemos sus nom- bres):


“mi señora, mi dueña, mi chica,


para que su negrura llegue a la calle, a las casas donde crecen niños y niñas con juguetes y colores diferenciadores, que llegue a las clases, a los consejos del APA, a las salas de los palacios de Educación y Justicia, Nada puede hacer una mujer sola, sin la solidaridad y


la comprensión de toda la sociedad. Violencia de género…


dolorosa herida por la que se escapa nuestra dignidad humana. ¿Cuándo se perderá el miedo en tantos hogares? ¿Para cuándo todos libres? Por un amor en libertad tan largo como libre,


amor de aves volando por el mismo espacio, nues- tra común tierra. Vuelo sí pero en libertad.


JUSTÍN DEL BARRIO 33


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