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LUZ Y TINTA


Iglesia parroquial de SanTa Crus de la Sierra. Bajo la advocación de la Vera Cruz, domina la plaza mayor del pueblo


histórica de este pueblo. Viriato es un personaje legendario y, como tal, su biografía se nutre de la realidad y la fantasía. La historia y la leyenda menudean en cualquier acercamiento biográfico a la figura de este perso- naje histórico disputado a un lado y a otro de la raya que nos separa de Portugal en un intento por apro- piarse del mito como legitimador de anhelos nacionales. Pero esta disputa no se establece sólo entre Portugal y Extremadura, sino que varios pueblos extremeños pugnan por erigirse en la patria del azote de los romanos. Y así, tanto Coria, donde apareció una lápi- da que algunos eruditos atribuyeron al sepulcro de Viriato, como Azuaga, Cañaveral y nuestro Santa Cruz de la Sierra, donde se conserva esta piedra con la inscripción del mito, se han disputado el lugar de su muerte.


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Una placa en uno de los edificios de la Plaza Ma- yor alimenta la leyenda de que el legendario héroe Viriato pudiera haber sido enterrado en este pueblo.


Aparte estas pinceladas que unen


a Santa Cruz con la historia de Ex- tremadura, quizás la más importante sea el hecho de su participación en la conquista de América, con Ñuflo de Chaves, fundador de Santa Cruz, en Bolivia, la ciudad más importante de aquella nación y la que me recuerda todos los días, con su actual grande-


za, que el mundo es ancho y ajeno, como dijera José María Arguedas, y que las fronteras son solo ficción geográfica, por no decir convención política. Por eso tengo a Santa Cruz de la


Sierra como uno de mis rincones fa- voritos, donde además de la historia (y algún día habré de escribir algo sobre ello) disfruto de su gastrono- mía y de la tertulia con conocidos y familiares al amor del vino de pi- tarra que es una de las bendiciones que pueden esperarse de este pueblo que parece flotar en el tiempo y que en mi imaginario particular es una recurrencia que me recuerda quiénes fueron mis antepasados y quién pude haber sido yo de no haber mediado el exilio de mis padres.


FRANCISCO TRINIDAD


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