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Y ella está ahí de pie, madre que es nube, enjambre, luz creciente guardando quieta la vida, brisa de mar en calma formando nido de palomas.


Madre, esperanza, manojo de espigas, honda palpitación, aurora deseada entre montón de sueños, tablas húmedas de un barco navegando tras el atardecer, bandadas de aves abultando tu cuerpo, buscando tierra con charcos de agua dentro, refugio de luna o rastro de sol, huellas del deseo… Se llamará Juan, o María, Mercedes o Pedro, o se llamará Aurora, nombres todos que iluminan, nombres que dan calor a la palabra, luz a la lámpara, nombres que mirarán a lo alto con tus ojos, llorarán con tus mismas lágrimas, nombres que con sus manos cogerán rosas y pisarán piedras y hierba, nombres que crecen en silencio cual coral depositado en tu vientre terso dando rubor a tus pechos. Tu cuerpo, refugio de hombres y mujeres nuevos, amanecer sin sombras, espuma de lluvia, claridad de la mañana, la revelación,


campo que cobija las ramas de manzanas madurando al sol, la transparencia, la lluvia de primavera engendrando en ti.


Abre la ventana de tu palomar, mujer, y que el vuelo de palomas llene las calles, los almendros, con el aire de sus arcos renovando el viento… maternidad, motherhood.


JUSTI [lectura de la foto de Ilich Bczonko, “MOTHERHOOD”]


A pesar de todo, sueños


Sueños. Ensoñaciones. Ensueños, fan- tasías e ilusiones. Sé que la vida no es fá- cil y, que a la vuelta de todas la esquinas, anida una sorpresa, generalmente en for- ma de contrariedad. Sin embargo, me gus- ta saber que, a pesar de los pesares, hay un hálito de ilusión en cuanto hago. Por eso a veces sueño. Sueño con que la vida continúe; con que las olas sigan rompien- do -espuma y plata- contra los acantila- dos; con el viento que gime y se acobarda en la falda de los montes; con la nieve que domina las cumbres y se yergue ufana más allá del resplandor del crepúsculo. Sueño, sobre todo, con que la poesía tenga sitio y acomodo en mis planes personales y con que los despertares sean tan intensos y tan reales como mis propios sueños. Sue- ño, en fin, con que el amor sea más que una palabra. Lo que pasa es que también pienso que me voy haciendo viejo. Y eso sí que no es un sueño.


F.T.


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